martes, agosto 14, 2007

Bon Appetit



Mi querida apprenti,

La espero el domingo a las seis y treinta de la tarde, en esta ocasión la cena será servida mas tarde.

La aguardo,

FP

¿Por que será que hoy se me hace el trayecto mas largo? ¿Acaso YG viene manejando mas despacio que de costumbre? ¿Y por que nunca me respondió si aceptaba el menú que le sugerí para la cena de hoy?

-hemos llegado-

Abrió la puerta del automóvil y me encamino hacia la cocina, sin embargo esta vez tardo mucho más en quitarme el antifaz.

-Aguardaba su llegada, luce usted cansada mi pequeña apprenti, ¿acaso no durmió bien? ¿Algo le afligía?-

-No, nada-

-¿entonces, será que la tenia inquieta nuestro encuentro? Por Dios no me mire así, estoy tratando de romper el hielo, estuvimos separados una eternidad, ¿no le pareció así?

-No-

-Por lo visto usted vine preparada para hacerme cenar un suculento plato de monosílabos en salsa muda-

-¡Nunca me respondió a la sugerencia de mi menú, trabaje mucho preparándolo, realizando la elección de los platillos y usted no dijo ni una sola palabra, me quede en espera de una respuesta!-

-Querida usted me conmueve, cuando leí su menú ¿sabe que fue lo primero que se me vino a la mente? Que usted pretendía impresionarme, ¿estoy en lo cierto?

-Lo menos que esperaba de usted era una atención-

-Creo que ambos nos conferimos el mismo pensamiento ¿sabe? Al igual que usted me quede en espera de una respuesta afirmativa de su parte con respecto a mi oferta de trabajo, ¿pero dígame por que estamos discutiendo de esta manera? Me resulta desagradable, no solo el argumento, sino el verme obligado a darle una explicación.-

"En una ocasión un emperador le consulto a Confucio sobre un asunto militar, a lo que Confucio respondió. “efectivamente poseo conocimientos referentes a Tsu (un puesto de carnes) y al Tou (un platillo) pero en asuntos militares desconozco el tema."

Primer Tiempo:

Gaau Ji

Pequeños dumplings en forma de media luna rellenos de cangrejo negro, macerado en vino de arroz, combinado con repollo y jengibre fresco, cebollinas, salsa de soja y ajonjolí tostado.

Segundo Tiempo:

Cha Yip Daam

Huevo de codorniz cocido y marmoleado en hojas tiernas de te negro sobre una hoja de loto.

-¿Usted me pensó no es así? no importa lo que me diga, yo se que me pensó, ese menú me lo confirma, usted quiere sorprenderme. Pero dígame, ¿sabia usted que fue Confucio quien influyo en que se utilizaron los palillos chinos en las mesas en vez de los letales cuchillos? Se imagina usted, gracias a el en la mesa oriental el dedo pulgar juega un papel importantísimo que de otra manera ningún otro instrumento mas le habría conferido, se podría decir que sin el pulgar no se puede comer-.

Claro que no lo pensé, ¡de que rayos habla! Fue el quien menciono que volvería cansado de la sazón francesa, ¿así que, que mejor que comida China? Y si claro que sabia lo de los palillos chinos, como se otras cosas. Y no, no lo pensé.

¿Recuerdas aquella ocasión en que fuimos al barrio chino? Hacia frío y tu venias saliendo de una gripe terrible, entramos al restaurante y ordenaste una sopa para los dos: Ngau Sung Yin Sai Tong en una olla de barro nos trajeron un consomé de carne molida, con clara de huevo simulado finos y delgadísimos cabellos coronado todo por un confité de cilantro fresco. Esa noche descubrí que hablabas chino, el chef salio a saludarte cuando supo que estabas en el restaurante, hablaron por diez minutos y nunca me presentaste, por el contrario era como si no existiera, entonces deje de existir me limite a ver tus manos y tus gesticulaciones, asentaste en repetidas ocasiones y el se despidió de ti y tu volviste tu mirada hacia mi, me sonreíste. Yo no devolví la sonrisa, tú me miraste y dijiste: -No te voy a dar una disculpa, no fue con intención el ignorarte pero hay reglas culturales y hay que respetarlas-

Esa noche me explicaste a detalle la preparación de la sopa y el modo correcto de marinar la carne, antes de incorporarla al consomé, resaltaste la importancia de jamás utilizar pimienta negra en un consume chino pues arruinaría el color y finalmente me insististe en solo utilizar jengibre joven.
De vuelta en casa me baje del auto sin despedirme me de ti, a mi las reglas culturales me valían comino, como también me importaba un carajo saber como preparar correctamente una base de consomé chino.
Y me quede esperando en la puerta que corrieras a mí, ¿espere cuanto tiempo? No lo se, esa noche me quede dormida llorando de rabia. Cuando desperté estabas a mi lado, en la mesita de noche habías dejado una nota diciendo:

-No te voy a pedir disculpas ni a darte una explicación, no hubo nunca intención de ofender-

Y yo te mire tendido en la cama, desnudo, recorrí el tatuaje de tu brazo izquierdo con mi dedo y dibuje un corazón en el, sin abrir los ojos siquiera y de un solo tirón me acercaste a tu boca y la serpiente que habita en tu boca entro sin tropiezo en mis labios y se enrosco en mi lengua.

-Yo la pensé querida. La pensé mas de lo que puede imaginar, París es una ciudad donde usted podría ser muy feliz, aun que estoy convencido que la arrogancia de los franceses terminarían por cansarla. No me ha preguntado siquiera por los víveres que traje de allá, estaba convencido que eso la llenaría de entusiasmo, o por lo menos lo que le he traído a usted, ¿no le da curiosidad?

-No debió molestarse-

-Yo no me molesto, me ocupo que es diferente. ¿En quien pensaba?-

Tercer Tiempo:

Chyun Mei Naam Gwa Tong

Sopa ligera de la región de Sichuan a base de pequeños cubos de calabaza y legumbre china.

Cuarto Tiempo:

Si Jap Chaau Dai Ji

Trío de Callos de Hacha en salsa de fríjol negro y rodajas de chile tailandés

Quinto Tiempo:

Ho Yip Faan

Esferas de arroz y pollo al vapor envueltas en hojas de flor de loto

-Le hice una pregunta, ¿en quien pensaba?

-Pienso en la comida, pienso en la temperatura correcta, pienso en el corte ideal, en eso pienso no tengo tiempo de pensar en nada más mientras cocino.-

¿Por que estoy tan molesta hoy con el? ¿Por que me irrita tanto que me cuestione? No debí volver, que diablos estoy haciendo aquí? esto es una locura, no tengo ni idea de donde estoy, ni quien es este tipo, podría ser un loco, podría desaparecerme y jamás nadie sabría que ocurro conmigo, ¿en que estaba pensando, en que?

-La duda es una agonía no se la recomiendo-

-¿Por que demonios me tienen que vendar los ojos para venir acá? ¿Por que solo conozco sus iniciales y no su nombre completo?-

El se levanta de la silla, camina junto a la mesa sin mirar a la cámara, se aleja, no dice nada, ¿a donde va? Este tipo me va enloquecer.
Una de las paredes de la cocina gira lentamente y el aparece, lo puedo ver a la luz, esta frente a mi, mi corazón palpita aceleradamente, mi mano tiembla y busca el cuchillo, tomo el cuchillo por el mango, mi mano aun en la mesa de preparación, puedo sentir el frío del granito recorrer y entumir mi mano, el da un paso, se adentra en la cocina, se para frente a mi y me mira con esos ojos que he aprendido a necesitar, camina lento en mi dirección, puedo ver su pecho, el color de su piel a través de los primeros dos botones sin abrochar de la camisa blanca, el pelo revuelto, sus pasos son cada vez mas cortos, no hace ruido al andar, su respiración es lo único que se escucha en toda la cocina y este grito ahogado que no quiere salir de mi garganta.

Toma mi mano derecha y sostiene en alto mi mano y el reflejo de la navaja contra la luz arroja destellos, el me acerca a su cuerpo, siento su respiración junto a la mía, siento su aliento, sus ojos encendidos. De un movimiento me hace que suelte el cuchillo y con la mano izquierda me toma de la cintura, me acerca peligrosamente a su cuerpo, y el puede sentir el temblor de mis manos, mi respiración agitada y yo me embriago del perfume que despide su piel, el acerca sus labios a mi hombro derecho y lo besa.

-Y que mas da un nombre ¿en que cambia tener un nombre que no tenerlo? Yo podría decirle por ejemplo que soy Fausto, Federico, Felipe o Francisco, que mi apellido es Pérez, Paredes, Pasos, Portillo o Poullard. Y eso que cambiaria, que le diría eso de mí? no le diría absolutamente nada.
Esta noche usted y yo vamos a hacer un pacto: usted me va querer a mí sin preguntas y yo la voy a adorar a usted sin respuestas. Ahora vaya al cuarto continuo de la cocina y vea lo que he traído, estaré en el comedor aguardando, aguardándola.-


-¡Aun no termino de cocinar!-

El se detiene en la mesa y dándome la espalda me responde:

-El sexto tiempo arruino la perfecta secuencia que había logrado llevar de manera casi magistral. Desconozco los libros a los que usted consulto, pero en ellos usted debió leer que el arroz jamás es servido como un platillo principal. La costumbre marca que el arroz debe ser ofrecido a los comensales solo después de degustar los principales platillos de un festín, festín que como usted sabe debe incluir pato, abulón, cangrejo negro y aleta de tiburón. El arroz considerado por todos, el alimento más humilde solo debe ser ofrecido como relleno en el excepcional caso de que los comensales quedaran con apetito y nunca como un platillo principal ni complementario de una cena, si estuviéramos en épocas imperiales, mi apprenti usted hubiera terminado degollada. Pero para su fortuna yo me limito a ser solo un pequeño dictador comparado a cualquiera de los extintos emperadores chinos.-

El abandona la cocina, se cierra la pared.

Desabrocho la chaqueta tan solo los primeros dos botones, abro una de las solapas y me giro a la cámara, mi mano recorre mi pecho, hurga el encaje francés de mi sostén, abro tan solo un poco la solapa y miro de frente a la cámara antes de ir al cuarto continuo a la cocina, su respiración retumba en las cuatro paredes de la cocina, su húmeda respiración recorre mi espalda, doy un giro y camino hacia la puerta.

Dentro del cuarto hay una caja gris con letras blancas, leo Christian Dior, abro la caja un par de sandalias verdes de piel con entrelazado de piel de pitón y tacón ancho.
Junto a la caja una funda de plástico también en tono gris con letras blancas donde se lee el mismo nombre.
La falda en línea A del vestido verde haciando juego a las sandalias justo arriba de la rodilla, al centro de la falda una serie de pliegues en contra del hilo emulando el tejido de las sandalias.

Afuera me espera YG como siempre, como al parecer siempre lo va hacer, de un gesto me señala el cabello y me entrega una argolla en dorado y diamantes, camino detrás de el mientras agarro mi cabello suelto, el me espera en la mesa, esta vez la mesa es redonda con un mantel de seda en brocado que cae hasta el suelo, en la mesa solo colocado al centro una enorme bandeja en plata, el sentado en su silla sin dejar de mirarme, me pide que me acerque.
Yo me aproximo a el, aun guiada por la mano de YG, de un movimiento le hace una seña y con las dos manos YG me toma de la cintura me eleva y me sienta en la charola al centro de la mesa. Mi piernas abiertas sobresalen de la bandeja quedando desparramadas hasta tocar la orilla, el me mira detenidamente respira profundamente y rompe el silencio.

-Ese séptimo tiempo era letal mademoiselle, ¿que intentaba usted hacer conmigo esta noche? Laap Baat Juk, se preocupo usted por informarse que ese postre solo era servido en el octavo día del calendario lunar y por ser considerado un platillo exótico solo le era ofrecido como ultimo deseo a los condenados a muerte. ¿Sabia usted eso?-

Su mano derecha recorrió la suela del zapato, subió y acaricio el empeine de mi pie, prosiguió su andada por mi muslo, bajo de un solo recorrido hasta detenerse en mi tobillo. Volvió a subir hasta llegar a mi rodilla, entonces con sus dos manos acaricio mis muslos, sentí sus tibias manos tocar con suavidad, recorrer los pliegues de mis piernas, de un movimiento suave tiro de mis tobillos y me atrajo hacia el, su cara entre mis rodillas, sus labios carnosos con la mueca que se convierte en sonrisa, los ojos profundos y brillantes, su aliento cada vez mas cerca de mis rosados labios, de mis húmedos labios, su lengua recorriendo el nacimiento de mi pubis, un gemido escapo de mis labios y el eco lejano de sus voz me deseaba:
un Bon Appetit.

sábado, agosto 04, 2007

Mi estimada apprenti...



Mi estimada apprenti,

Por medio de este conducto hago de su conocimiento que no me será posible recibirla el próximo domingo 5 de Agosto como lo pactamos. (Se que aun usted no tiene la cortesía de responder a mi oferta de trabajo, sin embargo estoy convencido que esta usted considerando una respuesta afirmativa).

El próximo domingo se presenta la opera La Perichole, La Chanteuse Et Le Dictateur…en el teatro de la Opera Comique en Paris, por ningún motivo me permitiría no estar presente en el estreno.

Por otra parte, en estas fechas arriba a la Maison de la Truffe mi orden especial de trufa negra invernal, cuando usted recree su paladar y comprenda de lo que le estoy hablando, le anticipo que se sentirá avergonzada de la caricatura que me rebajo a engullir hace una semana.

Le anticipo que pensando en usted realizare una escala en la boutique que se ubica en 72 rue Bonaparte y le comprare la última colección de Ispahán creación de su maestro.

Mi viaje será de unos días los suficientes para regresar fastidiado de la sazón francesa y sus arrogancias, aunque se que usted no comparte mi manera de pensar, le haré llegar con anticipación la lista de vinos que ordene a La Derniere Goutte, así como los cortes que la casa Rudis provee para mi desde hace años.

Le anticipo que estaré bebiendo te en la Maison Laduree, los macarons de ellos me gustan sobre todo el de rosas y el de trufa blanca.

Finalmente me veo obligado tomando en cuenta su creatividad, no solo en el ámbito culinario sino el de su personalidad a no dejar en sus manos el te que bebo, así que abasteceré la alacena con tes de la casa Mariage Freres, estoy convencido que cuando usted se deleite con la infusión de Marco Polo entenderá de que le hablo.

Mi estimada dedique estos días en cultivar ideas para sorprenderme, su primer intento resulto conmovedor sin embargo considero que usted puede emplear mejor sus conocimientos.

Por ultimo y sin el designio de restarle trascendencia planeo visitar la casa Dior esta es una de las mejores temporadas en diseño de zapatos, cuando usted vea el par de sandalias de plataforma verde en piel y piel de pitón con un diseño trenzado que le encargue quedara mas que complacida.

Sin otra intención que no sea la de quedar de usted como su gentil e inequívoco centinela me despido no sin antes desearle un ligero y reparador fin de semana.

Atentamente,

F.P.

domingo, julio 29, 2007

Anuncio Clasificado

Anuncio Clasificado

Solicito cocinero (a) personal, interesado (a) favor de comunicarse a la siguiente dirección de correo electrónico y enviar adjunto generales.

F.P.
Mi abuela decía que cuando una mariposa revoloteaba por la puerta de tu casa y entraba era portadora de buenas noticias. Un día te dije eso y me miraste por largo rato, el cobalto de tus ojos se contrajo y sin decir palabra saliste de mi cocina, para no volver.
Esta mañana una mariposa monarca revoloteo nuevamente por mi puerta.

-esta mariposa me dije, trae buenas noticias-Con el primer café del día me siento frente a la ventana y disfruto de un sol niño que a regañadientes esta iniciando su ascenso, lo inusual en mí: hojeo el periódico.

En la primera plana del clasificado leo un anuncio brevísimo y sin grandes explicaciones, solicitan un cocinero. Pienso de nuevo en la mariposa y sin darle muchas vueltas al asunto redacto el siguiente mensaje.

Estoy interesada en el anuncio que aparece en la plana del clasificado solicitando cocinero, adjunto a este mensaje envío mi currículo. Gracias. Beatrix

Tú me enseñaste que cocinar es un acto de amor, que es indispensable conocer al comensal, siempre me hablaste de la importancia de entender sus gustos, sus preferencias. Decías: es como hacerles el amor, tienes que saber como tocar, como acariciar, como elevarlos al cielo con un platillo.

Si la persona del clasificado responde a mi mensaje recordare hacer varias preguntas, la mayor cantidad de preguntas posibles…

El mensaje de respuesta era corto y se leía así:

Interesado en contratar sus servicio. Mi chofer pasara por usted a la dirección que me indique el próximo Domingo 29 de Julio, le recuerdo que la cena debe ser servida a las 7:16 PM hora del pacifico. No es necesario traer equipo, no vista chaqueta blanca.
Por ultimo, No puede cocinar cerdo, ni utilizar los siguientes ingredientes en ninguno de los cinco tiempos de la cena: café o chocolate.

Gracias

F.P.

Cinco tiempos…leí bien quiere una cena en cinco tiempos…y no puedo llevar nada…y tengo que ir sin ¿chaqueta blanca? Pero es la única que tengo, y no le gusta el cerdo, será alérgico o tal vez motivos religiosos. Pero eso del café y el chocolate es verdaderamente de locos.

Durante días trabaje afanosamente en la creación del menú, cinco tiempos, todos ellos balanceados, todos ellos en completa armonía, una orquesta de sabores y sensaciones en su paladar. ¿Pero como era ese hombre misterioso de las iniciales? Logre hablar con el en una sola ocasión. Le pregunte por que me eligió a mí, imagine que era por mis estudios de arte culinario, no cualquiera tiene la suerte de estudiar con Chefs dos y tres estrellas Michellin. Pero esta fue su respuesta:

-Su currículo debería ser seriamente revisado por alguien, hay una cantidad casi ofensiva de faltas de ortografía y falta de puntuación, en cuanto a sus estudios, quede más impresionado en la experiencia de sus maestros que en la suya. Que por que la contrate, muy sencillo, usted fue la única que respondió el anuncio clasificado. La veo el domingo sea puntal-


El chofer del señor F.P. arribó puntualmente por mi a las 3:30 de la tarde, tengo exactamente tres horas para hacer la cena y preparar todo, revise mentalmente la lista de ingredientes que con días de anticipación le hice llegar, el corte de carne, los mariscos, las verduras, frutas y el vino.
Antes de salir di un último vistazo a la casa y tome el estuche de piel donde transporto los cuchillos.

El chofer del señor F.P. me dijo:

-el señor me pidió que le recordara que no podía traer nada-
-son mis cuchillos de trabajo, sin ellos no puedo trabajar-
-la cocina esta equipada-
-no lo dudo pero sin mis cuchillos no puedo trabajar-
-le aseguro a usted que no tendrá problemas para trabajar, pero no la puedo llevar con ese estuche-


Me sentí totalmente desprotegida abrace en un gesto infantil mi estuche de cuchillos, este fue un regalo tuyo, mi cuchillo de diez pulgadas no se trabajar sin el, pero era claro que este hombre no me subiría al carro con este estuche.
Abrí de nuevo la puerta de la casa y deje el estuche junto a la mesa, di un último vistazo a mi cocina y cerré la puerta solo para seguirlo hasta el automóvil.
Una vez dentro del auto se giro y me extendió con la mano derecha un antifaz negro.

-¿y esto?- pregunte mas que asustada
-medidas de seguridad-
-¿mías o de quien?-
-del señor señorita, claro que del señor


Sostuve el antifaz por un minuto en mis manos, jugué con el elástico entre mis dedos de manera nerviosa, esto me estaba asustando, por que habría de cubrirme los ojos, a donde iríamos…pero en eso recordé la mariposa en la puerta de mi casa y me dije:

buenas noticias, ella traía buenas noticias-

Y mientras me repetía eso, me coloque el antifaz cubriendo totalmente mis ojos.
Perdí la noción del tiempo, sentí cuando el auto paro su marcha y la puerta izquierda se abrió, el chofer del cual tampoco conocía su nombre, tan solo las iniciales grabadas en el sector izquierdo de la chaqueta en letras romanas se leía: Y.G.
Tampoco me permitió removerme el antifaz, me tomo me la mano y guió mis pasos hasta que llegamos a la cocina y ahí me lo retiro.

Mis ojos adoloridos por la luz trataban de acostumbrarse a esta nueva condición.
La cocina era muy amplia e iluminada, al centro había una mesa de preparación con base de nogal y una plancha de granito. La estufa de ocho hornillas y dos hornos a un lado, un refrigerador y un congelador, así como tres lavabos y anaqueles perfectamente ordenados con todo tipo de especias e ingredientes.
En la mesa de preparación había un estuche de piel igual al mío, dentro un juego nuevo de cuchillos Wüsthof, incluido el de diez pulgadas con mango de madera. A un lado del estuche una bolsa, en ella había un uniforme en verde con mi nombre bordado en el lado izquierdo en hilo azul. Era de mi medida…frente a mi estaba una pantalla de plasma de 29 pulgadas, tome el control y la encendí.

-¡Bienvenida! Espero que la cocina este lo suficientemente equipada, dispuse que ciertos procesos fueran realizados previos a su arribo, nada que afecte su preparación, simplemente le facilite ¿como es que dicen estos petulantes franceses? “Mise an place”
Espero que no le importe que la observe mientras trabaja, pero encuentro fascinante el proceso de la creación culinaria, además por que desaprovechar esta oportunidad para conversar-


Aturdida aun y sin saber bien que pensar y hacia donde dirigirme cuando hablaba le dije que no me importaba, en la pantalla solo se veía su espalda y la mesa ya dispuesta, pero todo estaba en penumbras, miro a un lado y veo una botella de Nebbiolo cosecha 1999 y antes de poder decir nada lo escucho decirme.

-Esa botella es para usted, por casualidad me entere que ese es el vino de su elección, no vaya usted a pensar que pienso arruinar mi platillo principal con un vino de esa edad y cosecha. Pero por mi no se detenga, que el tiempo vuela.-


El tiempo vuela…esa última frase creaba un eco en mi cabeza, agarre la chaqueta y me fui a cambiar. Regrese lista para trabajar, una copia del menú descansaba en la mesa así que fui tomando en orden los diferentes ingredientes.

Primer tiempo.

Una cuchara sopera adornada por un ostión y perlas blancas de caviar en salsa Sabayon, acompañados de una copa de vino Blanc de Blanc de la casa Pierre Peters.

Segundo tiempo.

Pudín de aragula y alcachofa acompañado de una guarnición de trufa negra invernal y ajo imperial.

El tercer tiempo es…-en eso la pantalla me habla.-

-dígame Beatrix, por que eligió ¿ese menú? Me llena de curiosidad, cualquiera diría que usted se preparaba para servir una cena romántica, ¿acaso es usted de las que cree que el amor llega por el estomago?-
-bueno, deje le explico…-
-No Beatrix, la respuesta no es para mi, a mi no me interesa conocer su respuesta, esa es para usted, pregúntese cuando fue la ultima vez que la gastronomía le trajo al amor. Y vera, que cuando sea honesta con su repuesta sabrá que el estomago es el órgano mas ingrato que tenemos los seremos humanos, mucho mas que el corazón, los genitales y la misma memoria.-

Por un momento pensé en ti, en la ultima vez que cenamos juntos, aquella noche estaba segura que después de degustar como lo hiciste ese plato de codornices en curry rojo y berenjenas asiáticas jamás te irías de mi lado, y sin embargo…

Tercer tiempo.

Hojas tiernas de espinacas con gajos de naranja-mora y confitura de tomate tricolor, aliño a base de una emulsión de Dijón y aceite Sicilia.

Cuarto tiempo.


Medallón de cordero con guarnición de flores de brócoli y hongos silvestres, puré de papas marmoleado con salsa Bordelaise.
Acompañado de una copa de vino de la región de Bordeaux, un Margaux Rauzan-Ségla cosecha 1989.

Casi todo esta listo, miro de reojo el reloj aun estoy a tiempo, siento en el cuello una tensión, la piernas me duelen y el calor de la cocina se torna sofocante. Me siento observada, se que el no pierde de vista cada movimiento que realizo, y me intriga no saber quien es, simplemente ver su espalda en el monitor.

-Se ha quedado callada Beatrix, ¿en que piensa?-
-en el último tiempo-
-ah! Por un momento pensé que el manojo de lavanda que pedí le colocaran en la mesa le traía recuerdos-
-no señor, la lavanda no me trae ningún recuerdo en particular. Pero dígame ¿por que no le gusta el chocolate ni el café?-
-¿y por que tendrían que gustarme?-
-No es que le tengan que gustar, pero a la gran mayoría de las personas le gusta el chocolate-
-usted tiene que cambiar eso mi estimada apprentí, no siempre vamos a complacer a los demás, se de buena fuente que el chocolate es su especialidad, pero a mi no me interesa retarla en el área en la que usted se encuentra cómoda, y que por azares del destino no apetezco.-
-pero tampoco come cerdo-
-bueno, creo que usted lee muy aprisa, si mal no recuerdo creo que mi respuesta fue “poco” con eso quiero decir que mido mi ingesta de carne de cerdo, pero mis motivos son distintos a los que posiblemente usted imagino. Estamos dentro del año chino del cerdo, ¿sabia usted eso? El año del cerdo no es un buen año para mi signo, así que por mera cortesía, créame es que lo evito.-


Quinto tiempo.

Tarta de pistacho con glaseado de duraznos y agua de rosas, adornado con un coulis de vainilla y crema. Acompañado de una copa de vino Sancerre de la casa Clos de Bouffants o te Fleur de Geisha.

Por fin. Todo esta listo justo a tiempo, miro el reloj y marca las 7:00 de la tarde, termino de limpiar la mesa y pregunto:

-puede disponer de la cena señor, solo indíqueme a que hora quiere que sirva-
-es usted muy puntual Beatrix, pero no, usted no va servir nada, ¿acaso imagina que una cena de esta magnitud la pensaba saborear solo? Nada mas alejado de la realidad, vaya al cuarto continuo a la cocina, me tome la libertad de elegir un vestido y unos zapatos, tiene solo quince minutos para volver a la mesa, vaya, aquí aguardo. Recuerde el cordero es una carne intolerante y recelosa, nunca se debe servir fría…-


El vestido en kiana guinda con manga tres cuartos y falda en línea A, arriba de la rodilla, los zapatos eran un par de Manolo Blahnik en el mismo tono del vestido y tacón de madera ligeramente curveado.

Al salir Y.G. me estaba esperando para conducirme sin decir una sola palabra al comedor.
Una mesa rectangular de doce asientos, en una de las cabeceras esta sentado el, por fin lo podía ver mejor, por lo menos la espalda, amplia, hombros rectos sin grandes pretensiones. Me indico sentarme en la otra cabecera, la mesa estaba dispuesta con una vajilla de porcelana de Bavaria blanca con filo en plata, los cubiertos tambien de plata colocados al estilo europeo en la modalidad del siglo XVII, el tenedor formando una cruz sobre el cuchillo. Varias copas de cristal polaco y servilleta de algodón blanco.
Cenamos en silencio pude observar como con la mano izquierda tomaba el cuchillo y el con el dedo índice empunaba el lomo del cuchillo con firmeza, con la mano derecha y el tenedor a la inversa iba colocando con la ayuda del cuchillo los pequeños bocados que terminaban en su boca. Entre bocado y bocado descansaba los cubiertos y bebía sorbos de vino.
Incomoda por el largo silencio me anime a preguntar:

-¿que celebra?-


El me miro por unos minutos y me respondió:

-Luna llena en Acuario, ¿le parece poca cosa?-
Una vez finalizado el quinto tiempo se limpio el contorno de los labios, se retiro de su asiento, vestía una camisa verde con puño francés y unas mancuernillas de lapislázuli los dos primero botones sin abrochar, un pantalón oscuro que alargaba mas su figura, el pelo largo por encima de los hombros con ondulado y de un castaño que bajo la luz de las velas lo hacia lucir multicolor, ojos almendrados y cejas arqueadas enmarcaban un rostro que a ratos mostraba una mueca del lado izquierdo de los labios. Con paso lento camino pegado a la orilla de la mesa, con la mano izquierda y utilizando solo el dedo índice recorrió la madera, su dedo subió por mi brazo y justo cuando lo tuve en mi espalda pude percibir la tenue fragancia a sándalo. Con la mano derecha recorrió el contorno de mi hombro derecho y con la izquierda retiro mi cabello de mi espalda, sentí la proximidad de su respiración, cada vez estaba mas cerca, el olor a madera me intoxico, de un solo trazo recorrió mi nuca con la lengua. Y me dijo:

-No quiero parecerle descortes, pero la tengo que dejar, es hora de que inicie mi trabajo, sin embargo me complacería mucho si aceptara venir todos los domingos a cocinar, me gustaría contratarla-


Yo temblando aun y sintiendo su mano derecha sobre mi hombro y el calor de esa mano de largos dedos, solo atine a decirle:

-¿por cuanto tiempo?-
-usted esta en busca de una respuesta hiriente Beatrix. Pero bueno, digamos que hasta que a usted se le agote la imaginación. No me tiene que responder ahora, puedo esperar, mi chofer la llevara de regreso a su casa, si acepta, la espero aquí el próximo domingo.-


Deje mi servilleta sobre el asiento de la silla y Y.G. estaba a mi lado con el antifaz en la mano, esta vez no titubeé me lo coloque y el tomo mi mano hasta que llegamos al automóvil.
Mi corazón golpeaba y retumbaba en mi cabeza, una oleada de sangre subió a mi rostro, entre al auto y las piernas aun me temblaban, esta vez el recorrido no fue en silencio. El calor de su mano aun me quemaba el hombro, la humedad de su tibia lengua laceraba mi cuello, no hubo humedad comparable a la de esa noche, el minuto cinco del Adagio en G menor me acompañó en el recorrido que hicieron mis manos entre mis piernas, una tibia noche iluminada por la luna llena en Acuario goteo y baño mis rodillas. Un recuerdo cada vez más efímero del cobalto de tus ojos cayó cercenado en la piel joven de la medianoche…

Beatrix

domingo, julio 22, 2007

* De los pies hasta la frente...

Anochece. Estas a mi lado, te veo tendido a mi lado y pienso en los días que han transcurrido, estos días que han sido los más largos, los más lentos, un caminar en el desierto de la soledad. Pero ahora, una finísima malla de filigrana y sueños te trae de nuevo. Y te veo rendido, y mientras duermes, pienso que así estas mejor, que es así, como menos daño haces, me haces.

Veo la tabla roca de tu espalda, tu espalda donde yo me he refugiado tantas veces, tu blanca espalda cuajada de lunares hilvanados uno a uno por mis caricias, por mis dedos que te recorren. Los enumero, es uno por día, uno por las sofocantes noches sin ti y contigo. Y duermes a mi lado y el toro que eres reposa antes de que la luna termine su ascenso en la dulce noche de tu regreso.

Me tomaste entre tus brazos
Y me hiciste muy feliz

Me deje querer todita
Con cuidado y despacito
Pa’ sentir mas el amor
Me perdí en el cobalto de tus ojos
Me perdí en tus labios rojos
Y deje que me quisieras
Y me hicieras a tu antojo


Que ha sido me pregunto de estas manos, donde han estado, que piel han acariciado, que ojos han cerrado. Miro tus rosadas manos, y mis sueños encuentran espacio entre ellas, anidan en ellas, recorren la línea de la vida, se acurrucan en la línea del amor.

Unas gotas de aceite de las lunas de Octubre las derramo en tus manos, cubro con ese aceite tus dedos, tus largos y trabajados dedos y beso las diez medias lunas que me iluminan atrapadas en tus uñas. Si fueras un niño te cantaría canciones de cuna para que pudieras dormir, si fueras un niño te dejaría reposar en mi vientre, te arrullaría con el latido de mi corazón. Y de nuevo te veo, y eres el mismo, el de siempre, por siempre.

Sientes mis manos, este par de manos que desde ya te pertenecen, estas manos que haz guiado infinidad de veces, estas manos que solo sirven para tocar tu cuerpo. Y veo de nuevo tu cuerpo, la línea de tus hombros, tus brazos heridos por el fuego, veo tu torso, ese tronco del que me aferro, veo tus genitales, tus nobles genitales que me fecundan y se derraman en mí.

Y si yo fuera un poeta te regalaría los versos sagrados, te regalaría la luna roja que se esconde en el anillo tres de Saturno. Y si yo fuera cacao te cubriría el cuerpo de xocolatl y la lengua enorme de mi deseo te recorrería, y si fuera lo que no soy, La Eternidad, vivirías dentro, muy dentro de mí.

Desde afuera nos miraba
Una luna enamorada
Que celosa se sentía
De lo que tu a mi
me dabas.

Pero ahora no duermes, estas parado frente a mí, me encaras, me miras y me envistes y me desplomo, y de nuevo soy la que siempre he sido a tu lado. Y tu eres las únicas manos que hay, tu eres el único beso que he recibido, tu eres el único aliento que me da vida, tu eres el Todo que crece y se hincha y erguido me apunta y penetra una y otra vez. Y yo soy la otra, la otra parte de ti, que en ti crece y florece cuando estas en mi. Y una lluvia dulce de anís me cubre, una dulcísima brisa me reviste, eriza los vellos de mi cuerpo y deposita minúsculas gotitas de ti, y yo quedo tatuada una vez más.

Te marchaste despacito
Antes que yo despertara
Y el recuerdo que me dejas
Ese no lo borra nada.

Me tomaste entre tus brazos
Y de plano me rendí
Me besaste dulcemente
Con mil besos diferentes
Y me hiciste muy feliz.

Me marcaste para siempre
Sin tu amor ya nada puedo
Por que llevo en mí tus besos
De los pies hasta la frente.

Y estas paredes podrían contar nuestra historia, podrían decir que bajo este techo tú y yo nos desgarramos de amor. Pero un rayo de luna se ha filtrado por la ventana y baño tú rostro y yo lo contemplo, y te recorro de nuevo, busco que nadie te haya herido como me haz herido tú. Y cubro de nuevo tu cuerpo de sal y me duermo a tu lado y sueño a tu lado y un grillo nos prepara un ensamble de cuerdas, y la luciérnaga pulula perdida en el jardín, y un agazapado contingente de hormigas quiere llevarse el último bocado de este amor.

Desde afuera nos miraba
Una luna enamorada
Que de envidia se moría
De lo que yo a ti
Te daba.

Te marchaste despacito…

Beatrix


*"De los pies hasta la frente" Cancion Ranchera por Jorge Montana

domingo, julio 15, 2007

Militares de Paris

Receta para 6 personas


300 gramos de harina de trigo
300 gramos de harina de maíz
400 gramos de azúcar
200 gramos de almendras peladas/tostadas y molidas
400 gramos de mantequilla sin clarear
6 yemas de huevo a temperatura ambiente
50 almendras peladas para decorar

Merengue Francés

4 claras de huevo a temperatura ambiente
¾ de taza de azúcar glass

¿Sabes tu cuanto me gustan los uniformes militares? Aprendí a querer a esos bellos uniformes en silencio. Cuando tenia oportunidad, me escapaba de casa y caminaba frente a la guarnición militar solo para observarlos. El del Colegio Militar es mi favorito. Un día deje de míralos, deje de sentir esa perversa emoción que recorría mis piernas de niña y me entumía los tobillos.
Una tarde entre a tu cocina por primera vez y sentí ese temblor infantil que me provocaban los habitantes de la Zona Militar 2.
Solo que en esta ocasión cambie las insignias por una chaqueta de botones ribeteados. Recuerdo bien verte parado al centro de la cocina al frente de los hornos y las mesas de preparación, dando órdenes y verificando todos los movimientos. Y en vez de una hermosa gorra militar vestías un toque de algodón almidonado.

Se hace un cerco con las harinas cernidas, al centro se pone el azúcar, las almendras, la mantequilla y las yemas de huevo; se mezcla todo rápidamente utilizando solo las puntas de los dedos o con una espátula y se forma una masa.

Ese día preparamos Militares de Paris, ¿lo recuerdas? Llegaste a mi mesa de preparación con dos kilos de almendras y me pediste que las pelara, así que en la estufa coloque una olla con agua y la puse a hervir, después y siempre bajo tu mirada vigilante, al llegar el primer hervor retire la olla de la estufa y vacié los dos kilos de almendras, me perdí en el fondo de la olla pensando en ti, en tus rosadas manos y en lo bien que lucirías como Tercer Maestre. Parado junto a mí me susurraste al oído que no debían durar mucho tiempo las almendras en el agua caliente.

-solo unos minutos, no mas, no queremos que se cosan, solo queremos desprenderles la piel-

Una vez que las había retirado del agua las coloque en la mesa y las talle en mis manos y la piel iba cediendo, esa noche me esforcé por hacerlo bien y rápido, pero eran dos kilos, así que cuando apenas llevaba unas cuantas peladas, te colocaste frente a mi, con solo la mesa de preparación entre los dos y me pediste observar.

Tomaste dos almendras en tus manos, cada una de ellas era sostenida entre el dedo pulgar y el anular, en movimientos circulares y pausados las fuiste desnudando.
Yo te veía sin parpadear y un rubor enmarco mi rostro, tú lo notaste, quise tomar un par de ellas y seguirte en la enseñanza pero me detuviste, querías que observara.

Y nuevamente par tras par iban quedando expuestas en tus manos y mi respiración se iba agitando tan solo de pensar que eran mis rígidas aureolas las que tenías vencidas entre tus dedos y que de movimientos circulares ibas desnudando poco a poco.

Se hacen bolitas y en el centro se les inserta una almendra, se colocan en charolas de horno previamente engrasadas con mantequilla y se meten en el horno precalentado a 360F de 15 a 20 minutos o hasta que los militares estén doraditos, se dejan enfriar y se decoran con el merengue francés.

Había una tensión dolorosa en el roce de mi chaqueta, nacieron dos gotas de sudor en la parte alta de mis ingles que lamieron mis piernas, hubo un temblor pequeñito que solo tú notaste en mi ceja derecha, se dio una sequía mortal que erosionó toda mi boca, y un calor parecido al de tus manos recorrió mi cuello.

En una charola coloque los dos kilos de almendras peladas y las hornee por diez minutos, el olor de las almendras nos perfumo la cocina pasaste a mi lado sin detenerte y alcance a escuchar lo que me decías.

-dejare para otra noche esas dos almendras-

Y te vi alejarte perderte entre los hornos y la enorme batidora. Me dejaste suspendida, sin romper filas, colgando de una de las puntas de tus dos estrellas de Teniente Coronel…

Para el merengue francés: se baten las claras a punto de turrón y se les añade poco a poco el azúcar glass cernido.

Nota: hay que dejar enfriar a los militares. Después se decoran con el merengue francés.

Beatrix


sábado, julio 07, 2007

Fleur de Geisha

¿Hasta donde te seguí por una taza de te? No lo se, pero desde esa noche en que bebimos te de jazmín no hubo marcha atrás. Contigo recorrí cuanto salón de te pudimos encontrar en esta ciudad bebedora de café.

Un mañana apareciste en mi casa y sin decirme nada me tomaste de la mano y manejamos hacia el este de la ciudad, justo a un lado de la mezquita sunita sirven te con cardamomo me dijiste y no volviste a hablar.

Al llegar nos ofrecieron un privado de ricos tapices y brocados que cubrían las paredes además de un sinfín de cojines y almohadas regadas por el suelo. Nos sentamos frente a frente con solo una mesa turca de rico trabajo repujado de por medio, un incensario consumía un trozo de cedro y tu y yo nos miramos sin tocarnos.
Ahí bebimos el grandioso te de aromáticas hojas color ámbar perfumado de cardamomo y lo acompañamos con una charola de mammols con datil y nuez.

En otra ocasión abandonamos la cocina aun perfumada del pan recién horneado, y con las chaquetas aun puestas iniciamos la búsqueda, tu búsqueda.
El gran hotel de la ciudad nos recibía a las cinco menos diez, el chef salio a saludarte y nos condujo a nuestra mesa. Tú sonreías, y me dijiste:

-quítate la chaqueta-

Y yo te miraba sin parpadear y tus palabras nunca eran preguntas, y uno a uno de los botones ribeteados los fui abriendo hasta dejar al descubierto la camisola de encaje rosa y satín que vestía para ti. Y tú lo dices siempre todo en el lenguaje de las miradas.

Llego por fin, una delicada vajilla de porcelana donde nos fue servido el te de las cinco, acompañado de bocadillos y tuiles, palmiers, springerles, kolaczkis, shortbreads, linzer de frambuesa, rugalach de durazno, stroopwafels, anzac de avena, florentines de almendra y chocolate. Esa tarde recorrimos el mundo entre sorbo y sorbo.

Una noche inquita apareciste junto a mi cama, me besaste los labios y me susurraste al oído que tenías el remedio para hacerme dormir.
De mi closet sacaste un huipil guatemalteco y me vestiste, trenzaste mi pelo suelto y salí descalza siguiendo tus pasos en la madrugada.
Llegamos al sur de la ciudad y no paramos hasta topar con la casa de Tezcatlipoca Negro.
Y allí no había mas riqueza que la de tus ojos y sentados aguardamos pacientemente por un par de jarritos laqueados de te de damiana.

Y me hiciste beber esa noche de ti, y esa noche fue la más larga que el calendario registró, me embriague de tu mosto, recorrí tus tobillos con mi lengua y en tu espalda tatué mi nombre con bugambilias.

Y cuando creía que los cuatro puntos cardinales de esta ciudad los habíamos recorrido en busca de te, arribo a mi casa un paquete.
Dentro había un traje negro de dos botones, una camisa blanca de puño francés y un par de mancuernillas de madreperla, calcetines de seda y una corbata.
En una bolsa de franela un par de zapatos negros y un sobre.

-te veo a las ocho en el salón de te del barrio japonés, no lleves el cabello suelto-.

Y me vestí lentamente, primero la loción de sándalo, la trusa de algodón y la camiseta sin mangas, los calcetines y los pantalones, el cinto de piel, la blanquísima camisa almidonada, las mancuernillas y finalmente la corbata.
Tome el saco, abotone solo el primero, calce los zapatos y me mire en el espejo y recordé recoger el cabello.

Pequeño. Así se sintió mi corazón cuando te vi sentado en una esquina del diminuto cuarto iluminado tenuemente por lámparas de papel. Quise ir a tu encuentro pero tú me detuviste con la mirada.

Ella apareció por otra puerta, se deslizo suavemente con pasos delicados y silentes. Era una muñeca, una muñequita de porcelana y labios cereza, vestía un kimono de seda en jade imperial y azul Viviana. La obi era de un amarillo brillante.

Después de saludarme me invito a sentarme en posición seiza y dio inicio el Cha-ji.
Y tu estabas atento, nos mirabas y yo podia escuchar tu respiración entrecortada, y el Todo creciendo en ti, y el cobalto de tus ojos inundando mi cuerpo.
De sus manos probe una fina hoja de flor de loto, de sus manos, de sus delicadas manos, bebi usacha y kohicha y fueron sus aniñadas manos las que desabotonaron el saco y aflojaron la corbata, fueron sus sigilosas manos las que abrieron uno a uno los botones de la camisa, fue mi temblor la que intento detenerla mientras mis ojos te buscaban y el cobalto de tus ojos humedeció mi cuerpo ¿o era ella?

Y yo me deje caer de las nubes a la montaña y hacia el río.
Y entrelace mis piernas y mis brazos y mi lengua.
Y ella acaricio mi espalda y mis caderas y se hundió en mí en busca de una rojísima perla.
Y yo bebí de ella y ella susurro un haiku en mi oído que llevaba tu nombre y el Todo nos miraba silente y crecía y se transformaba en rocío en esa noche invernal.

Y mucho antes de que terminara de caer la noche ella soltó mi cabello, mi negrísima cabellera ala de cuervo, ombligo de la oscuridad, boca de lobo, sorbo de xocolatl y solo entonces el ultimo haiku dio por terminada la ceremonia.

En cofre nuevo
Guarde los sentimientos
Perdí la llave

Beatrix

lunes, julio 02, 2007

Té o café?

Mi reloj marcaba las nueve menos cuarto, era una noche tibia de esas que te besan la piel. (Mi teléfono suena).

-¿Bueno?-
-¿Qué haces?-

Del más allá llega tu voz, me arrulla, me estremece. Guardo silencio solo unos segundos y te respondo.
-pienso en ti-
Escucho tu respirar, viaja tu aturdida respiración por el cable telefónico, humedece la fibra óptica, eriza los pensamientos nocturnos, lame la curva blanda de mi oreja.

-Quiero verte-
Me dices y tu voz no cuestiona…

Encamino mis pasos voy a tu encuentro, ¿hace cuanto? ¿Dime hace cuanto que no me embriago de ti?
Mis manos tiemblan, esta será la primera vez que tú y yo nos veamos fuera de la cocina, y de nuevo me pregunto, ¿hace cuanto?
Hemos llegado a este encuentro mi hambre de ti, mi sed de ti y yo. En el pequeño café francés esperas, sentado con las piernas cruzadas y tus brazos sosteniendo el deseo. Yo te miro y reconozco el cobalto de tus ojos, tú me miras y reconoces el amor.

Nos hemos quedado sin palabras por unos minutos, tu enfundado en una camisa blanca y vaqueros, yo con el pelo suelto cubriéndome la espalda.
Estamos desnudos, nos vemos por primera vez, veo tus manos, la perfecta armonía de la palma con los dedos, sube mi vista, descansa en tus hombros. Tú acaricias mi pelo suelto y la mesa nos viene grande y el jardín con todas sus criaturas nocturnas nos observan y la vela al centro de la mesa nos ilumina el pensamiento.

Nos interrumpe el joven mesero para preguntarnos.
-¿Té o café?-
Tu que no sabes nada de mi, pides té de jazmín para los dos. Yo que no se nada de ti, sonrío.

Beatrix

martes, noviembre 22, 2005

Revelacion

Las revelaciones llegan así, sin avisar. Un buen día, como hay tantos te das cuenta que no eres solo, te reconoces como parte de, como uno mas del clan.
-¿Más café?-
El joven mesero me cuestiona con una sonrisa que ha permanecido congelada uno, dos segundos, no lo se y que mas da.
-Si, gracias-
He retomado el habito del cigarrillo, enciendo uno mas, el numero ¿diez? o ¿veinte? mando al carajo las sugerencias que aparecen a un costado de la cajetilla e inhalo por unos segundos. Si estuvieras aqui conversaríamos de lo mucho que nos disgusta este lado de los restaurantes, las mesas desniveladas, las sillas eternamente duras. Señalarías con dureza la torpeza del servicio de meseros a la hora de describir un delicado platillo, o los términos de cocción de un corte fino.
Señalarías como a la mesa de junto le sirvieron pan frío y la mantequilla tarda en llegar, los vasos del agua están vacíos y el servicio de cubiertos incompletos. Y así recorreríamos cada una de las mesas. Tus ojos hurgarían cada rincón, hasta topar con la puerta doble de acceso a la cocina.
Tu territorio, nuestro territorio, ahí dentro, tras esa puerta emerge otro mundo: -“el nuestro”- dijiste un día, y estos, (mientras señalabas) son tus iguales, tu familia.
Y yo sonreía mientras observaba el sudor rodar por la mejilla derecha del joven saucer y, un aun mas joven lavaplatos realizabas malabares con una torre de platos sucios.
Tomada de tu mano nos adentramos en el cuarto frío y encima de un costillar me diste un beso escarchado enmarcado por fumarolas de gélido vaho.
Doy un sorbo al delgado café que me han servido y me llevo el cigarrillo de nueva cuenta a los labios, exhalo y una cortina de humo se levanta ante mí.
Y es entonces que el aparece: chaqueta blanca y pantalón de minúsculos cuadros y calzado negro, no puedo ver su rostro, pero eso no importa, a tu lado he visto todos los rostros coronados por el tradicional toqué, se detiene ante el buffet y reacomoda las carnes frías, la ensalada, haciendo uso de su toalla limpia unas gotas del aliño y retira una hoja de espinaca con claras muestras de descomposición. El y yo y cualquiera del clan, sabe que un buffet es una enorme mesa dispuesta de manera apetitosa, donde se lleva acabo el mayor reciclaje de alimentos. Así que no me extrañaría que por la cena nos ofrecieran una sabrosa crema de espinacas.
Sigo sus pasos, repaso sus pensamientos, el conteo mental, los cálculos, la elaboración del próximo menú, un jamón que mañana acompañara los omelets en el desayuno, un platón de betabeles que mas tarde serán guarnición.
Conozco su pensamiento, su maestría en la transformación, su alquimia del paladar, y quiero saltar de mi silla y correr a su lado, mirarlo de frente para que el a su vez me reconozca como su igual, miembro de una familia universal donde no existen las fronteras ni las distinciones.
Apago lo que queda de mi cigarrillo y encamino mis pasos. El ha llegado a la parrilla. En la enorme plancha se sellan varios cortes gruesos de atún con un poco de pimienta fresca recién molida y sal gruesa de mar. Bajo una lámpara de calor, varios pedazos ya asados me miran tiesos y secos.
Yo he tomado un plato y me dispongo a servirme uno de los previamente preparados, con mi mano izquierda sujeto las tenazas y bajo la incandescente luz de calor, toma dimensiones tridimensionales una herida en mi dedo anular producto de una navaja de diez pulgadas mientras fileteaba una pierna de cerdo.
Nuestros ojos se encontraron, el fija la vista en la herida y sabe, sin palabras de por medio, que ese corte solo es provocado por una distracción en la cocina, mi dedo estaba distraído, la navaja no.
-Deja, te voy a asar uno en este momento-
Se perdió en la cocina y volvió con una media charola hotelera, en ella, un hermoso corte de atún fresco, de un intenso púrpura. Lo preparo con pimienta molida, sal de mar y ajonjolí tostado, lo sello en ambos lados y dejo una gruesa línea de rabioso carmesí al centro del corte. Pasó un puñado de vegetales miniatura por una olla con agua hirviendo y detuvo el proceso de cocción en un platón de agua con hielo.
Una cucharada de mantequilla y un diente de ajo mas tarde, y las pequeñísimas replicas de hortalizas se convertían en guarnición de mi platillo.
Me extiende mi nuevo plato a la vez que me regala una sonrisa, mis pasos giran en dirección a mi mesa y me siento a degustar del majar.
Tras la nube que se levanta de vez en vez mientras limpia la plancha, sus ojos me observan. Minutos mas tarde arriba a mi mesa una canasta de panecillos recién horneados y fragantes, mantequilla preparada con hierbas de olor, una copa de vino, una guarnición de setas al ajillo y corazones de alcachofas gratinadas. Una tarta de zarzamoras con helado de vainilla y café fresco.
Miro con asombro al joven mesero y el solo se limita a subir los hombros.
Tras la doble puerta, en la estación de las salsas, en la parrilla, en los hornos, en el lavaplatos, dentro del cuarto frío, en el rincón olvidado de la repostería, los míos: saben que estoy aquí.


Beatrix

viernes, octubre 07, 2005

Que buscas en esta clase?

-¿Que buscas en esta clase?-
El chef M me interroga mientras se alacia la punta de su barba estilo gótica. Siento un hormigueo en mis manos y un leve escalofrió recorre la línea de mis orejas.
Yo pienso en el cobalto de tus ojos, en tus largas y rosadas manos, pienso en tus pies danzando por la cocina. Después huelo el dulce aroma de tu sudor, igual al pan recién horneado y mi corazón palpita de manera imprudente y las yemas de mis dedos evocan el roce accidental de tus dedos. Finalmente el domo de mi paladar junto con mi lengua, despiertan del letargo y un sabor a fino cacao me intoxica.
Y quiero decirle que te busco a ti, del techo de esta cocina esta goteando tu nombre y en las puertas y los cajones se guardan todos tus secretos. Y mis manos se hunden en la fresca masa de blancas formas, las escondo de las miradas indiscretas.
-Tengo cómo meta terminar mis estudios de arte culinario-
Mi voz balbuceo esa línea ridículamente académica y un dolor estomacal mas parecido a la ansiedad me invadió.
El se quito los anteojos de aro fino y me clavo el avellana de sus ojos por unos segundos.
-Aquí no hay espacios para el romanticismo-
Ladraba esa frase al tiempo que me arrebataba de las manos el kilo y medio de masa que venia trabajando con enorme dificultad. La arropo con sus dos manos y la trajo hacia si. La trabajo por unos minutos, hasta lograr esa consistencia uniforme que tiene el gluten desarrollado, por ultimo pincho un poco de la masa y la estiro contra la luz hasta que apareció una ventana por donde se filtraba la luz. Ese es el punto justo del amasado, punto que además, se me dificulta tanto.
Sin mirarme siquiera me indico:
-Quiero que hagas varios demis y los barnices con huevo, agua y harina. No te olvides de rosear el horno con agua para producir vapor, al cuarto para la hora gira las charolas y haz todo lo posible por que no se quemen-.
Todo me lo dijo sin verme y alejándose de mi estación.
-¿Demis?- replique.
El se detuvo. Conté tres segundos y me contesto:
-Demi baguettes-
Nunca he horneado pan francés contigo, tú tienes una fascinación desmedida por el pan italiano y he notado un brillo en tus ojos cuando hablas de los diferentes panes del mediterráneo.
Hace unos días te sorprendí con un paquete tibio y perfumado de pan dulce del barrio chino, unos hermosos bollos rellenos de una pasta dulce de coco y azúcar, con un toque de barniz.
Tú los olfateaste con los ojos cerrados y me regalaste una sonrisa que me acompaño por el resto de la noche.
Mas tarde me susurraste el oído que te los comerías por la noche mientras te des un baño de tina.
Yo te imagine sumergido en la tibia agua, descansando los pies y las delgadas piernas después de un día largo en la cocina, imagine tu cabello mojado y brillante bajo la luz de la lámpara, imagine tus hombros y tus brazos ser lamidos por miles de gotas, imagine tu hermosa espalda recostada y tus ojos cerrados, te imagine aletargado, suspendido en las aguas…y mis manos, mis torpes manos, mis rosadas manos por el calor, palpando, hurgando, reconociendo los pliegues amados, las callosidades con historia, las heridas de combate ante los hornos, mis manos un par de cachorros. Ellas te recorren lentamente, bajan por la parte central de tu espalda, se detienen en la cintura y reconocen el camino de tus ingles, por tu dentro pierna, tus muslos, hasta llegar a las rodillas, y de nuevo mis manos vuelven a subir y se tropiezan con El Todo que va creciendo en ti, y mis manos tiemblan y se demoran y tocan y rozan y finalmente acarician y reconocen una suavidad desconocida y El Todo crece entre mis manos y se deja arropar por ellas y retoza en mis manos y mis manos le hablan en el lenguaje de las caricias y el vapor se escapa del agua y tu sigues con los ojos cerrados y el bollo que sostenías hasta hace unos minutos termino escapando y rodo hasta parar en una esquina como testigo mudo.
-Creo que te dije que hicieras demis, no baguettes, están demasiado grandes y demasiado gruesas, tienes que estar concentrada en lo que haces-
La voz del chef M viene de la realidad, del lado izquierdo de mi oído, de un paso tras, a un costado, con firmeza, con descontento.
Mis manos frenan el ir y venir, se detienen en el punto medio de la estación y mis ojos reconocen, de nuevo la masa que esta entre ellas.
El, me pide recorrerme unos pasos de la mesa de preparación y retoma el amasado perfecto, con el rodillo francés forma un rectángulo redondo de un extremo. Finalmente y utilizando solo las yemas de sus dedos va enrollando la masa y al final remoja la punta de su índice y lo pasa por la orilla con la que sellara el demi baguette. Le da unos retoques a las puntas y mide lentamente al tacto el grosor uniforme de la pieza.
De la bolsa izquierda de la manga de su chaqueta sustrae la pequeña navaja y realiza los cortes diagonales que le permitirán a los vapores escapar durante el tiempo de hornear.
En movimientos que parecieran ensayados guarda la navaja, se limpia las manos con su toalla blanca, se acomoda los lentes, se gira hacia mí y me cuestiona.
-¿de nuevo te pregunto, que buscas en esta clase?-


Beatrix

viernes, septiembre 09, 2005

Linea prestada

-La memoria no tiene otro motivo más que sofocarnos de recuerdos-

¿Y que es lo que recuerdas tu, me pregunto? Por que si vivieras con los recuerdos que a diario reúno yo en la alacena estoy segura que terminarías por enloquecer uno de estos días. Que falta me haces, que falta le haces a mi cuerpo, a mi lengua, a mi paladar. Desde hace días que solo se habla de calamidades, y yo me pregunto si todos recienten tu ausencia tanto como yo. Hace tres días zarpo un barco del golfo cargado de víveres y cocineros y te he buscado entre ellos, he buscado tu rostro milenario en los otros, pero no vienes allí.
Y me senté a mirar por la ventana mientras limpiaba una canasta de ejotes frescos y te buscaba en el punto aquel que se comió tu espalda y al que le dije adiós.
Hace cuatro días deje quemar el pan en el horno, hace dos días arruine tres kilos del mas fino chocolate, ayer se engusanaron las zarzamoras que compre en el mercado.
Y hoy el contingente humanitario sirvió de desayuno huevos con chorizo y frijoles fritos a ciento siete personas. Dicen que en unos días servirán más.
Me sirvo un poco de café, doy cuenta nuevamente de tu ausencia e incorporo los ejotes a la sartén con el guiso de res y tomate que se cuece desde hace rato. Reviso sin revisar el arroz y le agrego una cucharada de sal a los frijoles negros. Hay un manojo de plátanos machos queriendo ser tostados, y un melón con claros indicios de madurez en el frutero. Y en mis muslos una tensión parecida a la de tu proximidad, y mi lengua evoca el cítrico sabor de la tuya y la cocina se nubla y se intoxica del grisáceo de una nube y el extractor no se da abasto sacando el humo y el pujante olor a quemado, y yo derramo lagrimas pintarrajeadas de ceniza y cochambre y alguien golpea a mi puerta y se forma un gran alboroto el pie de mi portón.
Y un grupo de armados guerreros derriban la puerta y entran a toda prisa a rescatarnos a Dunia y a mí.
Y doy cuenta, de nuevo, en medio del alboroto y del asombro de los curiosos, ante el desapruebo de los hambrientos, que no estas aquí…

Beatrix

viernes, septiembre 02, 2005

He llegado tarde

He llegado tarde. Y ha sido a propósito. Solo cinco minutos, el tiempo que te toma levantar una clara de huevo a medio punto.
O el tiempo que ocupa el amasado de una mezcla suave o el templado de una salsa fría.
De donde yo vengo el tiempo corre de manera normal, los minutos se conforman de sesenta segundos y el sol esta iniciando su descenso al cuarto para las siete y la ciudad aúlla el desgarrado sonido de un claxon y los nervios alterados van tras los volantes y más de un conductor yace en el asiento trasero de su vehículo y hay un policía respirando con dificultad bajo el ajustado chaleco que carga.
Y hay un vendedor de periódicos con las manos manchadas de noticias atrasadas y un perro cruza la calle como si supiera a donde va.
Y yo encamino mis pasos al encuentro contigo, y me digo que una vez dentro, el tiempo se volverá a detener y bien vale la pena llenarme de tiempo real y así poder dártelo.
Y estoy parada frente a tu puerta y nadie la ha tocado y sin embargo puedo escuchar los fuertes golpes azotándola y el sonido se va disminuyendo y mi nariz percibe tu olor que traspasa los grueso muros y mi brazo se extiende tembloroso y mis dedos se aferran a la chapa y empujo con la misma fuerza de un recién nacido que esta por nacer.
Y el dulce aroma del horno me acaricia el pelo y doy un paso dentro y la puerta se cierra tras de mi y he traído conmigo El Todo y sus veinte días.
Y tus ojos son una avalancha de cobalto que me sofoca y tu me extiendes la mano y la mía responde y entonces queda un espacio entre tu y yo por donde bien pudiera pasar un suspiro y tus manos siguen siendo tibias y te quiero decir lo que me enseñaron los días que fueron y tu sonríes y me dices en silencio que lo sabes.
Desabrochas lentamente los primeros botones de mi chaqueta y tus manos rosadas recorren mis hombros y me contemplas así. Finalmente recoges las dos almendras de cacao que colman mis pechos y que te he traído, y las cientos de orquídeas en flor de vainilla han florecido y un ramillete de jazmines salio de una de la bolsas de mi chaqueta y de mis manos unas tabletas de oscuro xocolatl, y te regalo el nombre del viento en la lengua cantada. Y tú cierras mis ojos con la ayuda de tus labios y elevas mi cuerpo y este vuela muy por encima de las ollas y los sartenes de rabiosas temperaturas y llego finalmente a la plancha de piedra caliza donde tú y yo templaremos este amor.


Beatrix

sábado, agosto 20, 2005

Lista para no olvidarte

5 kilos chocolate amargo
2 kilos de chocolate semi amargo
2 kilos de chocolate blanco
1 litro de vainilla mexicana
1 kilo de canela entera
8 litros de doble crema
100 gramos de cardamomo
2 kilos de zarzamoras
2 kilos de naranjas
1 litro de tequila reposado
2 kilos de mantequilla
1 litro de miel
100 gramos de lavanda
100 gramos de rosas de castilla
200 gramos de pedacera de cacao
500 gramos de cocoa europea
50 gramos de añil o cobalto

Se coloca a baño María una cazuela de boca profunda preferentemente de acero o vidrio, sin que toque el agua, se le incorpora 200 gramos de chocolate amargo para derretir.
En un sartén de salsa se calienta una taza de doble crema y se le agrega un puñado de lavanda y se deja llegar al primer hervor.
Se retira del fuego y se deja reposar, hasta enfriar y se lleva de nuevo al fuego evitando un segundo hervor.
La mezcla se pasa por un colador fino y se le incorporan 200 gramos de chocolate y se deja derretir con el calor de la doble crema sin incorporarlos. Después de unos minutos con la ayuda de una espátula se revuelve la mezcla y se va agregando poco a poco tres cucharadas de mantequilla a temperatura ambiente. Es importante mezclar la mantequilla poco a poco y estar al pendiente de la brillantes.
Se coloca el ganache en un refractario de cristal y se deja enfriar en el refrigerador por espacio de tres horas.
Una vez enfriado el ganache y de una consistencia blanda para su manejo, se hace uso de una cuchara para helado de una pulgada y media de radio y se van formando las bolitas de ganache, se colocan en una media charola con papel encerado y se regresan a la heladera.
En un plato hondo se coloca el chocolate previamente derretido, dos tazas de cocoa europeo se pasan por el colador para evitar grumos y se coloca junto al chocolate derretido.
Se requiere de un trabajo rápido para evitar perder la temperatura, se toma una bolita de ganache y se cubre con la palma de las manos en el chocolate derretido, y se deja enfriar, y así sucesivamente, una vez terminado este proceso, se pasan por la cocoa europea cuidando de remover los excesos.
Las trufas deberán ser guardadas en un refractario de cristal debidamente sellado para evitar que otros olores sean absorbidos por el chocolate y de esta forma pierdan su sabor. La frescura de las trufas de lavanda solo podrá ser garantizada por dos semanas.
Se podrán realizar trufas de naranja y de rosas utilizando la misma receta como base, se debe recordar que el temperado de los chocolates varía con su porcentaje de cacao. Si se utiliza licor, en este caso tequila, se debe reducir el porcentaje de doble crema por el porcentaje de tequila utilizado, que no debe exceder las dos cucharadas.
La cocoa europea puede ser sustituida por almendras molidas y avellanas.

Aclaración de la autora:

El añil o cobalto se deberá colocar frente a la mesa de trabajo en un platón pequeño a la altura de los ojos de quien este elaborando las trufas.
Este no tiene ningún fin culinario, ni deberá ser utilizado en la receta, ni en ninguna de sus variantes, sin embargo su presencia resguardara el proceso de cualquier mal u oscuro deseo que pueda penetrar la cocina.

Nota para ti:

-Simplemente para no olvidarte-…

Beatrix

viernes, agosto 12, 2005

Sal du mer

¿Cuantos días han pasado? ¿Uno, dos? ¿Todos los días? Aquí dentro, se siente y se han vivido todos los días del calendario, hemos visto el cielo enturbiado de una gama infinita de grises, amenazarnos con las tormentas mas feroces. Una mañana llego el verano y nos humedeció las ropas de sudor y nos dejo la piel pegajosa y traíamos el animo cansado y añorábamos las tardes que nos daban un poco de respiro. Y una noche se sintió el invierno, entro por los pies en nuestra cama y el tibio calor de tu cuerpo me protegió durante largas noches de desvelos y chocolate caliente. Y un día nos amaneció una premura por acariciarnos, por tocarnos el cuerpo y el alma hasta que las yemas de los dedos nos punzaran.
Y esta mañana llego un grupo de diminutas hormigas en busca de agua y de alguna migaja que hubiéramos tirado por descuido y me he conmovido con su aflicción y les he vaciado un tarro de agua fresca en la loza de Saltillo y las he visto beber con desesperación, llenarse el abdomen de la fresca y transparente agua con sabor a barro humedecido que gracias a ti, he aprendido a saborear.
Tu saliste muy temprano, te ví alejarte con el paso sereno que tienes y ví tu noble espalda irse disminuyendo hasta desaparecer de mi vista. Y se quedara en mí esa imagen y llevare conmigo el roce de tu chaqueta y sus botones albos en mis senos.
Habían pasado doce horas desde que tú y yo nos herimos las manos deshojando tiernas y lechosas mazorcas de blanco elote. Y molinos varias docenas de ellos con tres tazas de leche evaporada y huevos, les agregaste un puñado de sal y pimienta y calentaste en fuego lento dos tazas de manteca de cerdo y yo vigilaba como siempre el ir y venir de tus manos. Cuando las primeras señales de un hilo fino de humo se levanto del sartén lo tomaste del mango y lo fuiste incorporando a la mezcla, y yo batía en una sola dirección y los burdos pedazos a medio moler crujían al contacto con la manteca y se inundo la cocina de esa maternal fragancia de las cocinas de antaño.
Barnizamos con mantequilla los moldes de barro y vaciamos una cuarta parte de la pasta, y una fina capa de queso de cabra y unas tiras de chile poblano le dieron un poco de color, vino después el resto de la mezcla y una ultima capa de queso de campo y queso de hebra.
El vientre del antiguo horno de piedra rugía y crispaba cuando movías de un lado al otro los trozos de leña. La enorme lengua de fuego me lamió la cara y erizo el vello fino de mi piel.
Y colocamos por fin los moldes en el centro del horno y un abrazo del desierto arropo las semicuajadas mezclas por sesenta interminables minutos.
Tú me entretuviste con un caballito de mezcal y chapulines tostados, aderezados con sal y limón, y brindaste por la ultima cosecha de maíz y me comiste con los ojos y le diste un trago final al mezcal y el primer beso de la tarde vino aderezado de minúsculos granos de sal du mer.
Yo te quise sorprender con un platón de corazones de romana partidos por la mitad y asadas, no sin antes barnizarlas en aceite de oliva del Valle de Guadalupe que traje conmigo. Tú sonreías divertido ante la flacidez de la lechuga de largas orejas y recogías con la punta de tu dedo varios granos de sal distraídos en la mesa. Machaque un diente de ajo y lo macere con un poco de aceite de oliva, limón y pimienta recién molida, como toque final le incorpore unas gotas de vinagre balsámico de Modena.
Comimos en silencio, la sobremesa nos entrelazo las manos y permanecimos callados hasta que la llama de la vela arrojo el último resoplo de luz.
-¿sabes que hay bestias que al embotellar el mezcal arrojan el gusano vivo? Es la agonía más lenta para el invertebrado, en lo personal creo que si el gusano se sacrifica para nuestro deleite, lo menos que podemos hacer es darle una muerte rápida. Como si apagáramos una luz.
Yo los pincho con un alfiler delgado en los filamentos y eso les produce un colapso en cada uno de los cinco corazones que poseen, la baja circulación de sangre los pone a dormir y pasan del sueño a una muerte dulce sin alterar el sabor de su carne-.
Y los temas empezaban a agotarse entre nosotros y vino un silencio aun mas largo y finalmente cayo el aguacero y un rayo ilumino la cocina y nos mostró el rostro desfigurado del adiós.
Mis pies han dado un giro, y retorno, voy recorriendo el estrecho camino de la península, vuelvo contigo pero sin ti, y mientras camino repito en voz alta tu nombre para que las criaturas del desierto lo conozcan y se quede grabado en las cuevas ancestrales:
Eres el punto que se comió el horizonte, la onda naciente en el asfalto bajo el rayo de sol, la uña delgadísima en la luna de cuarto menguante, un eclipse de sol, la cegadora tormenta de arena en el desierto.
Eres el grano de sal-madre en el mar, eres las un mil centellas encerradas en el vientre de una luz de bengala, eres el cafetal que da sombra al cacaotero, la noble uva fermentada, la rama de olivo sin paloma, una tableta de xocolatl, una laja de carne, un vaso de leche, una cucharada de miel, un tarro frío de cerveza, un pedazo de pan, un chile serrano, chipotle y cascabel, una gordita con fríjol negro, un puñado de jumiles, un maduro mango, unas perfumadas guayabas, un tabaco joven, un plato de arroz verde, un filete de caguama en salsa de tomate, un cóctel de abulón, un caballito de tequila, un trago de limón, una rebanada de pan de muertos, el niño en la rosca de reyes, una gotas de agua de rosas, un turrón de pistacho, una nieve del tepozteco, leche de coco, un chile en nogada, unos nopalitos tiernos, un plato de mole negro, rojo y verde, un tazón de pozol seco de Colima.
La sal, que condimenta mi vida…

Beatrix

viernes, julio 29, 2005

Pasaran los dias

Se va fundiendo la noche y tú parado frente a la ventana aguardas algún presagio.
-Tienen que pasar los días-
Fue lo único que dijiste, y yo guarde silencio sin saber que agregar a tu comentario. Pasaran los días me dije, y lo dijo mi corazón y lo dijo mi lengua quedamente para que solo yo escuchara.
Pasara el cuarto y el quinto día y desde la ventana veremos llegar la plaga de Cuetzpallies trepar por las paredes de este templo en busca de la sombra y del fresco alivio del interior donde tu y yo permanecemos. Y tras ellas llegara también la calamidad arrastrando su largo cuerpo, vendrán en cientos y tu me corriges.
-Serán miles-
Y mis ojos se agrandan y mi boca se seca y mi corazón sufre palpitaciones y busco tu espalda para resguardarme de este quinto día que supone ser el mas largo de todos.
Nunca haz comido carne de coatl y no la comerás y yo, no la comeré mientras permanezca a tu lado y es por eso que tenemos que resguardarnos de ellas.
Afuera todo esta silencio, los animales y las aves se han ido de este lugar, no querían ser devorados, los pequeños ratones y las ardillas fueron los primeros en salir huyendo, los cuervos obscurecieron el cielo cuando sobrevolaron en cientos de parvadas y el ultimo de los quetzales titubeo antes de abandonar el nido.
-Pasaran los días-
Volviste a decir, y la frase se venia haciendo cada vez mas corta y el sol venia realizando su descenso y pinto brevemente las copas de los árboles de un doloroso dorado.
Solo los insectos y sus larvas se quedaron para alimentarnos, en el negro comal tronaron las panzas abultadas de los chapulines y de las xauis, en aromáticas tortillas de maíz envolvimos escamoles y jumiles que aderezamos con salsa roja y verde, también me serviste unas gorditas copetudas de ahuahutle y fríjol bayo.
Por ultimo nos refrescamos con un vaso de nieve de leche de cabra endulzada con miel y pétalos de violetas, a la que adornaste con una mariposa monarca que movía sus alas en cámara lenta como si estuviera hipnotizada, aguardando el final del Miquiztli o el sexto día. Tus manos entonces me encontraron afanada en la mesa de preparación tratando de moderar una orquesta de chapulines que brincaban incesantemente en la placa de talavera, tus manos tibias recorrieron mis hombros me jalaron suavemente hacia ti y estando mi espalda recargada en tu pecho sentí como tus manos hábilmente fueron liberándome primero de un botón y mas tarde de la cremallera.
Tu mano derecha anduvo el camino tantas veces recorrido de oscuro pelambre y tu dedo anular se hundió en la tibia humedad de rojísimos labios y era tu mano izquierda un aguijón que me paralizaba.
Me diste un beso largo y perfumado de cardamomo en el cuello y finalmente me susurraste al oído lo que habíamos aguardado durante estos días de encierro y pesadumbre.
-Asómate por la ventana-
Una bruma densa y pesada se revolvía bajo las copas de los árboles y de entre ella, cortando a filo de machete asomo la húmeda punta de su nariz el Mazatl y piso firme el musgo verdoso que nace en la puerta y dejo la huella efímera de vaho que sale de la chimenea de su nariz en una ventana.
Y tu volviste a la cocina y el ruido habitual de las ollas y las sartenes llenaron esta tu casa y poco a poco fue tomando vida el fogón de carbón y el nixtamal iniciaba el primer hervor del día y una gallo distraído canto siete veces y tu me miras de reojo y sonríes y me das los buenos días.


Beatrix

viernes, julio 22, 2005

Calli

Despierto a tu lado, junto a ti. Las primeras horas me ofrendan el pausado ritmo que tiene tu respiración. Hemos dormido por varias horas, afuera el ruido de la ciudad araña las paredes y teje una tela pegajosa en el marco de las ventanas.
Hay una urgencia por tocarte, por irrumpir en la quietud de tus muslos y recorrer la tenue línea que se forma en tus ingles. Subir el firme camino que conduce a tu pecho, morder las dos avellanas de pequeñas puntas y pasearme por el filo de tus hombros y finalmente hundir mi nariz en la mullida ala de cuervo que es tu pelo.
Abandono la cama con la finalidad de ir en busca de un café, pienso que contemplarte así, dormido, mientras bebo un poco de café, debe ser aun más sublime. Así que encamino mis pasos por el pasillo angosto, el techo es elevado y en el centro encuentro un traga luz nacido del vientre de una botella antigua, el pasillo se va haciendo mas estrecho y casi al final del mismo las rusticas paredes rozan mis caderas como dos enormes manos. Me gusta sentir el restregar y la fricción en mi, me complace traer conmigo pedazos minúsculos de la cal que se desprende al contacto con mi cuerpo, y antes de que el sol termine de instalarse en la parte mas alta del cielo, tu casa, tu calli, se va tatuando en mi.
He llegado al final del pasillo, esta es la parte mas estrecha y mis piernas y mis hombros rozan de manera dolorosas al contacto con ellas, estoy parada frente a tu cocina, voy a dar un paso dentro, me voy a adentrar en ella, en ti.
Y me escapo de los tentáculos de cal, me libero de los millones de ventosas y logro poner un pie dentro.
Y son tus brazos los que impiden que caiga y es tu sonrisa la que me da los buenos días, y yo te veo aturdida, ¿y me pregunto de donde saliste? Y tú no eres de palabras ni de muchas explicaciones y me ofreces una taza de aromático y amargo y dulce café. Y dejas que mi mente formule todas las preguntas que no tienen respuesta y te sonríes y das un trago más y una gota de rabioso café logra escapar de tus labios y cae vertiginosamente hasta estrellarse en la blanca manta de tu pantalón.
Y en mi se esta gestando el hambre, la hambruna que arrasa con todo de manera voraz y tu lo sabes y sonríes y me das el roce de tus labios en la punta de mi nariz y me acercas un banco pequeño de madera y me invitas a tomar asiento. Y la leña arde desde temprano en la estufa, y un comal aguarda pacientemente, y el primer crujir del aceite reclama impacientemente en la sartén. Tú tomas un pequeño huevo de codorniz y lo partes por la mitad y lo dejas caer en la sartén y le sigue otro y otro. De la mesa, tomas una pequeña canasta cubierta con un manto y lo descubres una vez que esta frente a mí y el asombro y la fascinación las puedes leer en mi rostro. Cuando descubro diminutos panes dulces de una belleza artesanal, una rica variedad de cochas, bollitos, rebanadas y espejos, yo tomo uno y me lo llevo a la boca y este deja rastro en la comisura de mis labios, y tu haz dejado rastro de tu andar por mi que son ya imborrables. Y yo te digo todo esto en el lenguaje de los ojos y tú te sonríes y me das una cuchara azul de peltre para que coma con ella y para que te coma con ella.
Finalmente me ofreces un hermoso plato con una guarnición de arroz blanco y encima haz colocado cuatro huevos estrellados de codorniz con la orilla dorada y una cucharada de fríjol negro refrito y queso fresco.
Y tú eres la calli en la que yo quiero vivir, y este es el tercer día en el que yo abre de subir al cielo.

Beatrix

viernes, julio 15, 2005

Ehecatl

El día amaneció a regañadientes, un banco de nubes chantilly me saludan a su paso y una parvada de flamingos plasmo efímeramente unas pinceladas de encendido carmín en el cielo.
Bajo mi puerta alguien ha deslizado una nota, camino hacia ella, la tomo, y regreso de nuevo al balcón.
Este sobre huele a ti, puedo sentir el calor de tus manos y la fragancia a tierra mojada que tienen tus dedos.
Eres tu, ¿quién más? Doblo el pedazo de papel y lo guardo entre mis senos para intoxicarme de tu aroma y para que me guíe hacia ti.
Afuera, el camino largo de adoquín me habla y me quiere susurrar tu nombre, atrás quedaron las enormes macetas de gardenias y los antiquísimos árboles de mango, paso frente a tu cocina, me detengo en el marco de la puerta, olfateo tu ausencia y sigo delante.
Un vientecillo ligero acaricia mi rostro y refresca mi cuello, unos pasos mas y el mismo viento va tomando un poco mas de fuerza y, esta vez un escalofrió recorre mi cuerpo y despierta mis modorros pezones.
Y cada vez estas mas cerca, descubro tu figura resguardándose de la humedad y tu sonrisa es un romper de olas.
-Te esperaba-
Dijiste, y yo quería decirte que, antes de que el cielo y la tierra se separaran yo también te esperaba, y que… Tu mano sello mis labios, pues eso y más sabias, me tomaste de la mano y caminamos por largo rato bajo la sombra generosa de los árboles sin decir palabra.
Nos detuvimos frente a una construcción milenaria, el tiempo había reclamado su parte de la edificación, así que solo le sobrevivía una escalinata y las paredes circulares donde debió descansar en los tiempos remotos un domo. Un bello patio central se encontraba rodeado de un plantío de hermosos árboles de cacao cargados de bayas, yo apreté tu mano y tú me miraste de reojo, estiraste un brazo y de un tirón suave desprendiste uno de los frutos. Te ayudaste con una navaja como la que usan los exploradores para abrirle el corazón. La pulpa asomo dejando ver la fina tela que resguárdese las codiciadas semillas de depredadores como nosotros, tu dedo índice goteaba el agraz liquido y me apuntaba.
Un viento levanto una cortina de hojarasca y un agudo y lejano silbido se dejo escuchar, tu te arrodillaste en la dirección al sol y oraste por unos minutos en la lengua cantada de tus antepasados.
El viento que nacía de tu boca formo un remolino que recorrió el sembradío de cacao, levanto a su paso una nube de polvo y hojas secas así como dos o tres escarabajos distraídos.
Y llovió cacao de las finas coronas de los cacaoteros, cuando todo volvió a la calma, te levantaste del suelo y recolectaste las maduras bayas, yo, parada cerca de ti, te observaba. Tus manos tienen la virtud de acelerar todos los procesos, después de despulpar las semillas nos adentramos en la edificación, allí te vi iniciar y precipitar el proceso de fermentación, después subimos por una estrecha escalinata al techo y esparciste las almendras de cacao para que el sol hiciera su trabajo. El calor del sol del mediodía coloreo de rojo la punta de mi nariz y mi frente, una gota de sudor camino el nacimiento de mi oreja y lamió mi cuello, tu limpiaste el sudor de tu frente con un paño amarillo mientras recogías las semillas secas. Hiciste un movimiento con la mano izquierda y está tomo vuelo y levanto el pesado costal de yute cargado de almendras de cacao que recayó en tu hombro, tu mano derecha busco la mía y descendimos dejando atrás al noble sol de mediodía.
-Ehecatl, te acaba de conceder la más fina cosecha de criollo para que bebas Xocolatl-
Y todo quedo dicho en el segundo día, el Dios de dioses había regresado del destierro para alimentarme con su bebida predilecta, para calmar mis pesares con el tibio brebaje, para despertar mi sentidos con su espuma y para vivir en el templo de mi paladar.
Llegamos a tu cocina y en una esquina encontré un metate nacido en el vientre de algún volcán, arrodillado frente a el, colocaste el primer puño de semillas e iniciaste el proceso de molido.
Y a esto me refiero cuando digo y pienso que tus manos hacen magia, una brillante pasta de profundo color se iba formando, sin parar por un minuto y sin mirarme me repetías la receta ya memorizada:
-de diez bayas sacamos un kilo de semillas, de ese kilo salen 400 gramos de semilla seca, después la tostamos y nos quedan 380 gramos de almendras de cacao y después de seleccionarlas, molerás aproximadamente 330 gramos y eso te debe dar 330 gramos de pasta de cacao. Por ultimo le agregas a la pasta 140 gramos de azúcar y el resultado final serán seis barritas de xocolatl-.
El numero cabalístico resonaba en mi cabeza, y me hizo pensar en la frase tantas veces taladrada: tanto amo Dios al hombre que le entrego su fruto único.
En la hermosa mesa de trabajo reposaban las seis barras de xocolatl, encendiste la leña en la estufa y pusiste a hervir un poco de agua, de uno de los anaqueles sacaste vainilla y un puñado de almendras molidas. Cuando el agua iniciaba el burbujeo, le incorporaste una de las barras y haciendo uso de un molinillo batiste sin parar hasta hacer brotar la espuma multicolor que tanto me gusta. Después de un interminable día, por fin me llamas para que me acerque a ti, mi corazón se atropella y encuentra chico el espacio de mi pecho, con otro gesto de tu mano me pides que le ponga un poco de vainilla a la mezcla y sigues batiendo con fuerza, de la bolsa izquierda de tu guayabera sacas unos aromáticos jazmines que sacrificamos en el hervor alto que ha alcanzado el xocolatl.
Y mis sentidos aguardan esta fiesta milenaria, mi boca, mi lengua y mi garganta quieren beber, tus ojos se encienden mientras viertes la aromática bebida en unos tarros de barro verde de Michoacán.
Das tú el primer trago y el nacimiento de un toro joven de afilados pitones amenaza con embestirme, tus manos me toman por la cintura y me elevan y me sientan en la fría superficie de la mesa de talavera. Un segundo trago y un viento sorpresivo Ehecatl, en este segundo día entra por la puerta principal y azota las ventanas. Un tercer trago y yo cierro los ojos mientras el tibio y espeso líquido se derrama en mí y entre sueños creo ver sentado en el marco de la ventana al dios mono pico de ave, señor del viento, la serpiente emplumada: Quetzalcoaltl.

Beatrix

viernes, julio 01, 2005

Cipactli

¿Que sabias de mi, como adivinaste? Señor de manos pequeñas. Que volvía a la tierra, a mi tierra para alimentarme de nuevo de su ombligo materno.
Tú lo intuías, por eso guiaste mis pasos descalzos en el húmedo musgo, me previniste de las piedras y la fina alfombra de mangos niños que tapizaban los jardines y perfumaban el nacimiento de Cipactli.
-Cipactli, es el primer día- me susurrabas al oído mientras desatabas el nudo del paño de algodón con el que cubriste mis ojos.
Al final de la casona, junto al lago, habías improvisado una mesa pequeña con dos sillas y un mantel blanco, al centro, una veladora iluminaba tu rostro milenario.
A unos metros de la mesa construiste un asador rustico de madera y el calor del fuego se hacia sentir cuando el viento cambiaba de rumbo, junto al asador una pequeña mesa de preparación donde tenias dispuestos varios platones de barro negro.
Suavemente me guiaste a una de las sillas y me pediste que me sentara, el río arrojaba bocanadas de un vaho espeso que cubrían mi rostro de minúsculas gotitas, tus ágiles manos me brindaron un tarro pequeño de mezcal y en un tono de picardía que recién reconocía en ti, te llevaste la mano al bolso izquierdo del pantalón, y sacaste una pequeña cajita de laca, dentro, había un dorado y robusto gusano. Con un gesto de tu mano me pediste que le diera un trago al mezcal, te pusiste frente a mí en cuclillas, y te llevaste el gusano a la boca, medio cuerpo le colgaba de tu labio inferior y brillaba en un dorado fosforescente bajo la luz de la luna.
Yo me acerque a tu boca en busca de la fragancia cítrica que tiene tu lengua, ronde con mis labios tus mejillas y detuve mi mirada en el abismo que hay en tus ojos, tu no sabes lo que es bajar la mirada, un escalofrió recorrió mi espalda y me acerco mas a tu boca, de un solo movimiento te arrebate el primer bocado de la noche.
El lago se iluminaba a ratos por centenares de luciérnagas, y tu, parado frente a el, pensativo, me regalabas la visión de tu espalda, un tronco de cedro de fragante olor. No había motivo para romper el silencio, así que te observe mientras tú aguardabas, yo recorría la línea de tus hombros, el nacimiento de tus firmes nalgas y los dos leños cortos que son tus piernas, mis ojos goteaban tus formas y vinieron a derramarse en tus tobillos.
Y como un sobresalto, el Lago tomo vida, y las aguas se alebrestaron y tus brazos forcejeaban contra el, el Lago arrojaba una lluvia de millones de gotas de diversos tamaños con la finalidad de contenerte, la luna era una gran lámpara incandescente y la firmeza de tus hermosos pies no titubeo ni un milímetro.
Cuando el Lago reconoció que perdía la batalla termino por entregarte a la presa, un caimán adolescente que daba claras muestras de cansancio y derrota.
La lámina de acero empaño su brillantez y se cubrió de un encendido carmín. Tus hábiles manos limpiaron cuidadosamente su carne, una sabana de joven y blanco pecho que condimentaste con sal gruesa de Colima y pimienta blanca. De las vasijas que tenías preparadas sobresalía una espesa y negra salsa.
Una noche antes te comente mi debilidad por el maíz criollo, una mueca asomo del lado izquierdo de tus labios y entre dientes masticaste el nombre que te enseñaron tus antepasados
–Teocintle-
Olorosos totopos de maíz morado salpicados de gruesa sal fueron colocados de manera despreocupada al centro de la mesa, te asomaste el fondo de mi tarro de mezcal y con molestia advertiste que aun no lo había terminado.
En un platón de barro colocaste las lajas de carne y las bañaste de la espesa salsa, a modo de toque artístico esparciste unas semillas de ajonjolí, en unos platos hondos serviste el arroz blanco con confituras de zanahoria y chíncharo, por ultimo, una bandeja de plátano macho frito y sazonado.
Comí y bebí de tus manos, de tus robustas, sigilosas y pequeñas manos, fueron tus dedos tenedor, cuchillo y cuchara, fue tu lengua el paño oportuno que limpio la comisura de mis labios.
Fue tu puño cerrado el último tarro del que bebí mezcal. Y tú tienes y me das lo que vine a buscar, en ti se encierran todas las cronologías y los elementos, y yo no hago otra cosa que no sea alimentarme de ti.
Las horas nos mostraban su prisa, los primeros rayos de un sol despeinado se asomaban tímidamente entre las nubes, un ejercito de hormigas rojas sitio nuestro reino, tu mano aletargada recorrió por ultima vez el nacimiento de mis tobillos, había impaciencia en el primer contingente de hormigas, tu mano se detuvo en mi rodilla, colocaste un puñado de sal y le diste el ultimo trago al mezcal, finalmente, lamiste los granos salados y con la mano derecha rompiste filas entre ellas y un puñado de presurosas, alarmadas y rojísimas hormigas tuvieron como destino final tu boca.
Tu sonrisa termino de amanecer y me dijiste en un susurro quedo y arrastrado que este era solo el inicio, y tu sonrisa desapareció junto con la tropa mortalmente confrontada y yo me llene del sabor cítrico que tatuó tu lengua en mi cuerpo hasta las últimas horas de este Cipactli.

Beatrix