lunes, octubre 22, 2007

"Yo te doy bambú ¡bambú!"


Dos cuadras únicamente ocupan el Pequeño Tokio en esta ciudad. Pero el corazón del mercado Nijiya palpita intensamente, un mundo de rostros blancos, redondos y ojos rasgados lo pululan, me adentro en su misticismo, a los empaques bellos, los pasillos inmaculados, los cientos de opciones de salsa soja que llenan los estantes.

Pero en esta ocasión es simplemente un paquete de té verde, para saborizar unas trufas de chocolate blanco. El mercado se encuentra lleno, así que evito el tumulto y me distraigo en la sección de frutas y verduras. Limpia, iluminada, con una discreta selección de varios tipos de hongos, pepinos, hierbas de olor, algas frescas y berenjenas. Me detengo unos minutos en la charola de berenjena china, son menudas, de un púrpura doloroso de tan brillante, tomo una la sostengo con una mano, delgada, firme, dura, y a la vez blanda, la piel suave, fresca, con un dejo de humedad en el olor, la observo en mi mano, cierro mis dedos para que la asfixien, la acaricio entre los dedos y me hace pensar en un adolescente…

Me sonrojo miro mi reflejo ruborizado en el espejo frente a mi, bajo la mirada, recuerdo que estoy en un lugar publico, así que miro a mi lado izquierdo, nada. Ahora el derecho, nada.

Un alivio acompañado de un aspirar profundo que me devuelva la compostura, miro a los rostro idénticos, o al menos así me parecen, esa bendita obsesión por no ser iguales y que adolece esta raza, de defender su identidad, miro de nuevo y constato que para mi son todos iguales…

Hasta que él cruza la puerta, y el ruido del mercado, el ajetreo de las compras semanales, el ir y venir de productos, fueron silenciados por su arribo, por su bendita presencia. Se detiene en la puerta reconociendo el lugar, mira a todos lados, da un paso y camina en mi dirección, mi corazón palpita aceleradamente, mis manos y mis piernas tiemblan, mis labios entre abiertos me permiten respirar, se acerca, lo veo venir hacia mi, o mas bien en mi dirección, el camina, flota, se suspende, mira de frente, es como si estuviera pero se que no esta, una brisita ligera a jazmín y madera me invade y el pasa de largo sin saber que el tsumani de su presencia me arrastra a seguirle los pasos.

Azul marino, porta un traje cruzado azul marino de un casimir inglés de lana peinada con unas finísimas líneas verticales en un hilado azul acero. El saco abotonado en sus cuatro ojales, la solapa de buen tamaño así como la bolsa del lado izquierdo con la vista un tanto sesgada donde debería ir un pañuelo.

Se ha detenido lee las etiquetas de los diferentes nulos, los observa, es como si tratase de recordar, pero deja paquete tras paquete y camino solo unos pasos tras el. Miro su espalda, el ancho de sus hombros de una línea discreta pero rectos, la manga perfecta, bien distribuida la ropa del hombro, sin dejar un ceñido que dimitiría mucho del la maestría del sastre. Baja mi vista por la manga, me detengo en los tres cuartos de pulgada por donde se asoma un inconfundible puño francés en algodón color azul cielo, discretamente acentuado por una mancuernilla en plata.
Ahora el camina por el pasillo de las especias, se detiene y leo su sorpresa al descubrir el mundo de opciones en sales; roja, negra, de mar, azul, verde, rosa, y amarilla. Mi mirada baja por su costado, el sostiene el paquete de sales, veo sus manos, delgadas, de finos y largos dedos, pálidos en color, tímidos en movimientos.

Su costado me regala la visión de una espalda infinita, de una línea recta que se pierde con el inicio de una discreta curva.
Deja el paquete de sal, sigue caminado, y camina tras el mi deseo, camino con pulso agitado, aliento entre cortado, ojos deslumbrados.
Hemos llegado a la sección de cortes fríos, me coloco nuevamente a unos pasos de el, la luz de los refrigeradores hace brillar el negro de su cabello, miro discretamente el nacimiento de su cabello, la hermosa forma que invita a ser acariciado, peinado meticulosamente hacia tras. Miro su rostro de guerrero milenario, adusto, sereno, pensativo, las rendijas de los negros ojos y las discretas pestañas.

Hay un temblor ya notorio en mis manos, tomo un paquete con la única finalidad de mantenerlas ocupadas, cubierto con solo una filmina de plástico transparente, un robusto y acaracolado tentáculo de pulpo enfría el ardor de mis manos, el observa detenidamente los finos y variados cortes de pescado, yo recorro con mi índice una de las tantas ventosas del flácido y albo tentáculo, sigo la curva natural como si fuera el contorno de sus labios, los dibujo lentamente, una y otra vez, la abultada almohadilla del labio inferior, donde mis dientes podrías regocijarse por horas, la simetría perfecta del labio superior que la punta de mi lengua podría recorrer una y otra vez hasta adentrarse y acariciar el marfil de sus dientes, reconocer su lengua y finalmente humedecer su paladar.

Y me pregunto si ha notado mi presencia, su mirada fija en un hermoso corte de salmón de rosadas carnes, toca su firmeza, con un dedo presiona el filete, y este deja una ligera huella en la rosada carne y en mi deja un ardor.

Pero no, tampoco eso es lo que el busca, coloca de nuevo el paquete y sigue su camino y yo transito a su lado, hipnotizada, intoxicada de su presencia. Hasta detenernos en las galletas de arroz rellenas de frijol dulce. El toma un paquete de hermosos y frescos bollos con las dos manos, se los lleva a la nariz, los aspira, los acaricia, y mis senos entonces responden, mis pezones erectos, al sentir su respiración, al verse tan cerca de sus labios, entre sus manos. Hay un calor que recorre mi espalda, que baja por mis piernas y sube de nuevo al centro de mi pubis y lo humedece. E imagino sus piernas, sus delgadas y firmes piernas, imagino el delgado tobillo y el hermoso pie, enfundado en ese zapato negro inmaculado, imagino el delgado calcetín de seda, y me pierdo en el recorrido imaginario de mis manos por sus rodillas, por sus pantorrillas y siento el filo de mis uñas marcando, lacerando los muslos firmes.

Abro los ojos, y veo su figura dar la vuelta en el siguiente pasillo, así que una vez recuperada le sigo, la respiración cada vez mas agitada, el temblor de las manos, más notorio aun, los escalofríos recorriendo mi espalda. Y el caminando firme, sin mirar a nadie, sin decir una palabra, sin notar que me lo vengo devorando desde que el puso un pie dentro del mercado y de mi imaginación. Caminamos en círculos, lo ha notado, este ha sido el recorrido de un laberinto de sabores y olores, hemos preparador banquetes imperiales juntos, y por fin nos detenemos en la sección de sake, y lo imagino desnudo, tendido de espaldas, e imagino su espalda bañada en sake y mi lengua recorriendo las gotas del ahora tibio liquido, bajando por su espalda, subir y recorrer las discretas nalgas, bajar por el centro recorriendo las líneas naturales, los fragantes pliegues, la entre pierna y el Todo que esta apunto de mostrarse erguido y desafiante.

Da un paso a tras, tropieza conmigo, nos miramos, mis corazón palpita desenfrenadamente, el me mira de frente unos segundos luego baja la mirada, flexiona solo un poco la espalda, se disculpa y se aleja.
Yo tomo un minuto para reponerme, y seguirlo con la mirada, a dado vuelta de nueva cuenta en la sección de frutas y verduras, tomo aire, y le sigo,

Lo he perdido, mis ojos recorren los diferentes lugares y no lo veo mas, me detengo frente a la bandeja de frescos bambú cubiertos de agua, me agacho, para verlos mejor, para observar los diferentes trozos, hundo mi mano en la fría agua, toco ligeramente por primera vez el falo vegetal, se me eriza la piel, me concentro en la forma, en su color, y la transparencia del liquido. En eso la fragancia a jazmín y maderas me invade de nuevo, siento su presencia en mi espalda recorrer mi nuca, bajar por la línea A de mi vestido, da un paso, se coloca a mi lado, yo lo miro de reojo, la mano derecha desabotona los botones del saco y lo abre para dejar al descubierto un tiro erguido y amenazante.

Yo ciño el pedazo de bambú entre mi mano, y en movimientos ascendentes y descendentes lo acaricio una y otra vez, mi mano se desliza con firmeza y con fuerza, miro de reojo el Todo crecer, ahogarse entre las finas telas que lo aprisionan, rebelarse y revolcarse, tallarse, contraerse, levantarse una y otra vez y mi mano, sin detenerse por un solo segundo, se entumecen en el ir y venir, con el frío del agua, con la firmeza que va cediendo poco a poco y escucho su agitada respiración, a un lado mío, las manos firmes, pegadas las palmas a la tela del pantalón, los pies sin moverse un solo milímetro, las rodillas erguidas sin ceder ante la presión de la arterias contraídas, abultadas, hinchadas, mi mano, con los dedos morados además de dolorosamente cansados, en eso en un movimiento que sometió desde la base y subió ejerciendo presión primero al centro y finalmente en la punta donde se contrajo en repetidas ocasiones. Estallaste en un resoplido que intentaste sofocar. Las rodillas finalmente cedieron, las vi tambalearse. Las manos, se aferraron a la tela del pantalón y ahí descargaron toda su fuerza, los pies se movieron al frente sólo un paso, y antes de que tu cuerpo cayera te sostuviste en la caja de fruta frente a ti.

Mis manos y mis piernas cansadas de la posición, mi respiración aun entrecortada y con un ligero mareo, más parecido a la intoxicación que a la náusea, me detengo en la orilla de la bandeja.
Del bolso izquierdo del pantalón sacaste un pañuelo con el que secaste tu frente, yo me incorporé sin verte a los ojos y tu, con la mirada al frente, sin voltear siquiera a mi lado, cerraste los cuatro botones de tu saco, rehiciste el nudo de la corbata, guardaste nuevamente el pañuelo, y tomaste un par de doradas peras asiáticas.

Yo encamine mis pasos al pasillo del Te y tu... tú te fuiste deprisa hacia la caja express.

domingo, octubre 14, 2007

The Power of good-bye






Hoy me tope contigo, vi tu figura en la distancia, caminar entre la gente, el día despuntaba, el sol acariciaba tus brazos, cegaba al cobalto de tus ojos.

Me mantuve lejos, así me lo dije, asi me lo prometí, de ti, de todo lo tuyo, de todo lo que un día crei nuestro.

¿Recuerdas lo que me dijiste aquella noche? Yo lo recuerdo bien, no fue una advertencia más bien una sentencia.

-Aquí nadie parte y si parte alguien ese soy yo-

¿Lo recuerdas? Y yo te jure, en mi mente en mi corazón que nunca, nunca tendrías motivos para irte de mi, que las horas del día, que como sabemos son veinte y cuatro, desearías vivirlas a mi lado. Y yo perdida entre tus brazos, pero tu y yo olvidamos, y yo no quiero recordar, ni tus palabras, ni tu olor, ni tus manos, ni el cobalto de tus ojos, ni lo que de ti aprendí, que fue mucho, mas no lo suficiente, ni lo enteramente necesario.

Nos quedamos con la promesa de un último té, -¿recuerdas?- En el mismo lugar, en la mesa de la esquina, la que fue testigo silente de todo lo que un día creí. Pero sabíamos que no era un té, que era un adiós, -¿no es así?- Mi silencio fue largo, el tuyo entrecortado por la respiración. ¿Que dijiste esa tarde? no lo se, que mas da que dijiste, que ordenaste, que propusiste para los dos, para el destino de los dos, para el tiempo de los dos, para el sentimiento de los dos, para las ganas de los dos, para las sed de los dos, para la angustia de los dos, para los sueños de los dos, para la rabia de los dos.

Esa tarde me prometí no dejar de creer en el amor, luego entonces vino ese silencio, vino la única palabra que me dejaste pronunciar en todo ese tiempo: y fui yo la que te dije: Adiós…

domingo, octubre 07, 2007

Anoche Soñé Contigo


Anoche soñé contigo. Tu cabeza, el cuello, la nuca, las orejas, tus ojos, tus labios, las cejas, la barbilla, tus dientes, tu lengua.

Soñé tus hombros, tus brazos, tus codos, tus manos, tus dedos y las uñas.

Soñé tu pecho, tu espalda, el nicho que aloja el corazón, la parte baja de la espalda, la redondez de las nalgas, los surcos de tus ingles, los nobles genitales.

Soñé tus piernas, tus muslos, tus rodillas, tus pantorrillas, tus talones, las plantas de tus pies, tu empeine, tus dedos, te soñé.

Te vi cubierto, descubierto, acorazado, confitado, temperado, cristalizado, derretido, caramelizado, empolvado, espumoso, mordido, lamido, goteando, derramado.

En mis manos, entre mis dedos, en mis brazos, en mis piernas, en mis senos, en mis vientre, tibio dentro y fuera, en mi rostro, en mi mente.

Me sabias frutal, floral, envinado, cafetal, chocolatozo, acido, perfumado, sedoso, afelpado, robusto a maderas y ancestral.

Te oí crujir, derretirte, tronar, partir, cortar, caer y levantar, correrte y tambien desparramarte.

Olías a vainilla, a orquídeas, a jazmines, a canela, a clavo, a cedro, a miel, a tierra mojada, a lavanda, rosas y geranios.


Desperté del sueño. -Seguías en mis labios-.

domingo, septiembre 30, 2007

Entrevista

-¿Y como quiere que lo llame?-

-Gigante-

-¿Así no más, sin nombre propio o apellido?-

-Así es-

-Pero supongo que tiene algún nombre-

-Supone bien-

-¡Ah! Pues a eso me refiero, tal ves usted prefiera que lo llame por su nombre-

-No-

Esta entrevista estaba resultando más difícil de lo que imaginaba, no solo estaba siendo complicado o más bien imposible conseguir algún tipo de contacto visual, como lo recomendaban los manuales de recursos humanos, sino que este Gigante no era de muchas palabras.

-¿Hay algo que no le gusta comer? No se, hay gente que no le gusta el pescado, o las verduras, o el picante, por nombrar unos ejemplos-.

- Me gusta todo-

-Y de beber, ¿le gusta el vino?-

-Si-

-¿Y el chocolate?-

(¡Por fin una sonrisa!)

-Si, me gusta mucho el chocolate-

-¿Y los perros?-

(Silencio)

-Le pregunte si le gustan los perros, sabe es un requisito que le gusten los perros, tengo dos-

-Hum, no, no mucho, los tolero-

-Ah…-

Ambos miraron en diferentes direcciones, ella al suelo, el al horizonte, siendo esto lo que le quedaba mas a la vista. Ella dibujo una línea con la punta de su zapatilla, de izquierda a derecha en repetidas ocasiones hasta formar un arco.

Era esta la quinta entrevista del día, y seguía sin encontrar al candidato ideal. La mirada perdida en ese surco de tierra humada de una noche anterior, el sol se estaba metiendo lentamente, un viento helado acaricio las copas desnudas de los árboles. En ese momento ella lo noto, tenia frío, hacia frío y le calo primero en los pies, después en las manos.

El noto como ella se frotaba las manos buscando un poco de calor, entonces se agacho, a la altura de los ojos de ella, sonrío nuevamente y le pregunto mirándola fijamente.

-¿Tienes frío?-

Ella no respondió, movió la cabeza en repetidas ocasiones de manera afirmativa y con los labios apretados en una clara señal de puchero.

El tomo las manos de ella entre sus manos con mucho cuidado y formo un espacio hueco por donde soplo un poco de su aliento tibio. Las manos de ella entraron en temperatura, un recorrido mas parecido a un hormigueo recorrió la parte trasera de sus orejas, y su respiración se agito levemente. Lo miro por fin a los ojos, se perdió en el iris de sus ojos, aquel abismo negro del tamaño de una uva colosal, sostuvo la mirada como si tratase de adentrarse en el, entonces volvió a preguntarle.

-¿Crees que pudieras llegar a tolerar a Dunia y Maya?-

El volvió a soplar un poco mas de su aliento por el hueco de sus manos y ella cayo en un sueño profundo, el la tomo en sus manos, con la mano derecha levanto el techo de la casa, saco la pijama y la cambio sin olvidar un par de calcetines. Una vez en la cama, la cubrió con el edredón de plumas y con el dedo índice le recorrió la espalda toda la noche.

Ella desperto, lo vio a un lado de ella, el cuerpo fuera de la casa solo el brazo metido en la recamara y el dedo índice al final de su espalda.

Entonces lo contemplo por unos minutos, el dedo, la formación de la uña el justo balance entre la palma de la mano y los dedos, se entretuvo mirando las líneas, la línea de la vida, curiosamente las almohadillas eran prominentes, después se topo con la línea del amor. Descubrió el inicio de la línea, vio los trazos delineados, unas diminutas desviaciones y otros cortes de tajo. Entonces un deseo la invadió, una ansiedad que ella conocía perfectamente la animo primero a confirmar que el seguía dormido así que resultaría casi imposible que se diera cuenta.

Extendió la mano sobre la cama, la vio abierta, iluminada por la mañana, la visión le acelero el corazón y no pudo contenerse.

Recorrió con su lengua el nacimiento de la línea del amor, lo fue probando, llenándose del sabor de su piel y su sudor. Cuando estaba por terminar el recorrido con la afelpada y rosada lengua el despertó de su sueño.

Para responderle la pregunta de una noche anterior.

-Si puedo-

viernes, septiembre 28, 2007

Cielo y Tierra


Y las aguas de Arriba amaron a las de Abajo
y eran las aguas de Abajo femeninas
y las de Arriba masculinas...

¿Has oído, amada?

Tú eres la Tierra y yo soy el Cielo
Tú eres el lecho de los ríos y el asiento del mar
y el continente de las aguas dulces
y el origen de las plantas
y de los tiernos o duros o feroces animales
de pluma o pelo o sin pluma ni pelo

Yo soy la lluvia que te fertiliza

En ti se cuecen las flores y los frutos
y en mi el poder de fecundar

¿Has oído, amada?

Nuestro lecho es el Universo que nos contiene

¿Has oído bien?

Tú eres la Tierra y yo soy el Cielo
Y mi amor se derrama sobre ti como la lluvia
o como una cascada que cae del sol
rompiendo entre nubes como entre peñascos
y entre los colores del arco iris y entre las alas de los ángeles
como entre las ramas espesas de una vegetación inverosímil

Tú eres la Tierra y yo soy el Cielo

¿No lo escuchas?

Y aunque digas que sí
tal parece que no porque ahora Tierra
cabalgas sobre mí (en el lecho que es el Universo)
y eres tú el Cielo y tu amor se derrama sobre el mío
como una lluvia fina

Y yo era la Tierra hasta hace unos instantes pero ya no lo sé
porque hemos girado y descansamos sobre nuestro costado
y los dos somos Tierra durante unos minutos deleitosos

Y ahora estoy de pie con los pies en la tierra y los ojos en el cielo
y tú no eres ni Tierra ni Cielo porque te hago girar
con los muslos unidos ferozmente a mi cintura
y eres el ecuador o yo soy el planeta Saturno
y tú eres los anillos que aprendimos en la escuela
y giras

Y ahora somos Cielo los dos y volamos
elevándonos más allá del Universo

Y en lo más alto del vuelo algo estalla en nosotros y caemos
vencidos por la fuerza de nuestro propio ecuador que se ha quebrado
Pero seguimos siendo Cielo aunque yazgamos en tierra

Derrumbados en tierra pero Cielo

Tierra revuelta y dulce pero Cielo

Cielo vencido cielo revolcado pero Tierra


Efrain Bartolome



domingo, septiembre 23, 2007

Se Solicita I


Me asomo por la ventana, una brisa ligera mueve las copas de los árboles, las acaricia. El sol rasgando las pocas nubes que surcan el cielo. Y una inquietante impaciencia camina por estas solitarias calles.
Bebo café, el primero del día, el único de la mañana, miro el reloj que no uso, y trato de adivinar la hora. Hace apenas unos días coloqué el anuncio clasificado.
Aun puedo recordar la expresión en el rostro del despachador: leyó la cabecera de mi anuncio, me repitió la línea separando las sílabas y al final, cuando hubo pronunciado la última, me miró fijamente y me cuestionó si era correcto.
Yo lo reté con la mirada: si alguien conocía mis necesidades... esa persona era yo. Y sí, el encabezado del anuncio era correcto. Me extendió el recibo, me aclaró que saldría al siguiente día y por los próximos siete días, en la misma sección.
Yo di un último vistazo a los datos, la dirección y el número telefónico. Un nerviosismo casi infantil recorrió mis piernas y erizó el vello de mi cuerpo. Abro mi bolso de mano, saco una par de billetes y aguardo el cambio.
Entonces, es justo en ese momento cuando repaso en mi mente los últimos detalles: el lugar de la entrevista, dónde sentarnos cómodamente a dialogar sin ser interrumpidos por miradas morbosas, ¿cómo me debo vestir? Nunca he tenido a nadie bajo mis servicios. ¿Se le habla de usted o de tu? ¿Se saluda de mano o se guarda distancia? Y si nadie responde al anuncio, ¿y me quedo esperando?
Un suspiro más. Cuántos en este inicio del día. Doy un vistazo más a la casa, observo la puerta, el marco, la altura del techo, la fuerza de los muebles. Veo una vez más la silla en el exterior, aguardando.
Observo mis manos, extiendo los dedos. Reconozco el espacio que toman y caigo en cuenta que no es mucho. Que me espera algo mayor, de grandes dimensiones. Doy un sorbo más al café y sonrío al recordar las últimas palabras del despachador:
-Y dígame, ese puesto del Gigante que está solicitando, ¿podría ser negociable lo de las manos grandes? -
Lo miro fijamente. Muerdo levemente mi labio inferior y un brillo inunda mis ojos, a la vez que la sola imagen humedece mi entrepierna, y me anima a responder: -No-.

domingo, septiembre 16, 2007

Si me quieres, quiéreme entera



Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra...
Si me quieres, quiéreme negra y blanca, Y gris, verde, y rubia, y morena...
Quiéreme día, quiéreme noche...
¡Y madrugada en la ventana abierta!...
Si me quieres, no me recortes:


¡Quiéreme toda... O no me quieras!



Dulce María Loynaz

lunes, septiembre 03, 2007

La Ultima Cena


Ma cher apretti,

-¿Recuerda nuestro primer dialogo? Aquel en el que me cuestiono por cuanto tiempo, ¿lo recuerda?-

¿Recuerda mi respuesta? “Bueno, digamos que hasta que a usted se le agote la imaginación”.

La subestime ma cher, su imaginación me clavo las uñas en la región mas noble y me hizo aullar hasta cercenarme el corazón. Y como le comente hace una semana, el amor nos vuelve lastimosamente predecibles.

Hay algo que usted desconoce. A mi regreso a Paris después del nefasto accidente que me tuvo al borde de la muerte, mi Padre, Yamal y yo abandonamos la casa, los viñedos en el Valle de Bekka y regresamos a Francia.

-¡Pourquoi Francois, deux femmes, mes femmes! ¿Morte je ne comprend pourquoi?-**

Me grito dolorosamente por años intoxicado por el dolor y el alcohol.

Después de ese incidente no me permitió tener contacto con nadie, excepto Yamal quien ha sido mi fiel acompañante además de hermano. Esta vida querida, como la he vivido no es vida, sin embargo conocerla a usted fue el bocado mas suculento que jamás imagine paladear.

Esa noche cuando mis labios sucumbieron antes sus labios –ambos- quede convencido que era posible morir de amor. ¿Dudo acaso que la besaría? Ante la posibilidad de la muerte vi la duda reflejada en sus ojos, usted titubeo mi amada, retiro su rostro, yo la tome con fuerza y me fundí en ese beso dulcemente confitado, pero mortal.

Recorriendo sus piernas, su cuerpo, perdido en su piel, su aroma, inicie una lenta agonía de la que me seria imposible recuperarme. Hubiera deseado decirle que mis manos, estas torpes manos eran del tamaño exacto de sus sueños. Y que mi cuerpo estuvo aguardando su llegada por cientos de Lunas...
Nunca quise que conociera el camino, por que después de esa noche, todo esto quedara en el olvido, y usted amada seguirá adelante su vida sin mí.

He girado instrucciones precisas con respecto a usted. Yamal retornara en unas semanas a Paris y atenderá algunos pendientes. Hago de su conocimiento que en vísperas a mi viaje a la Ciudad Luz solicite se le abriera una cuenta vitalicia en la Maison Dior, se que antes de conocerme usted era una entusiasta de la Maison Chanel, sin embargo siempre encontré detestable el desden con el que Madamme Coco hizo uso y desuso de la feminidad, sobre todo cuando cometió el oprobió de imponer los pantalones como una prenda femenina.

Le he pedido a Yamal que quede pendiente de usted –discretamente- y que le haga llegar sin excepción las primeras botellas de la vendimia. Usted no se tiene que preocupar en buscarlo, el permanecerá atento a sus necesidades de manera casi imperceptible.


Ma cher, vous n'êtes pas une apprenti d'un seul hôte à table, ne l'oubliez pas. La vie pour vous est un festin avec infinité de temps mais pour moi, cela a été le dernier répas…*


Francois Poullard

٨ ٣١ ٢٠٠٧




*Querida usted no es aprentti de un solo comensal recuérdelo. La vida para usted es un banquete con infinidad de tiempos, pero usted para mi fue la ultima cena…
**Por que Francois, dos mujeres, mis mujeres! Muertas, yo no comprendo por que?

domingo, agosto 26, 2007

La Ahad Yemoot Min El Hub



Cinco menos cuarto. Miro el auto arribar a tiempo como lo venia haciendo los últimos domingos, de el descendió YG y desde la portezuela alzo la mirada hasta toparse con la de ella, que sin pestañear siquiera se limito a observarlo. Aun sostenía en su mano la hoja con último mensaje que FP le había hecho llegar y que ella no respondió. Y que así leía:

-“Quiero darte a nadie para que vuelvas a mí sin haberte ido”-

Corrió las cortinas blancas se alejo de la ventana. Minutos mas tarde estaba parada frente a YG que vestía el traje gris que tanto le gustaba, el extendió la mano derecha para darle el obligado antifaz, ella dio un paso que la aproximo aun mas a el. Este bajo la mirada y ella aprovecho ese momento para recorrer con sus dedos los labios de el y así dibujar un claro mensaje de silencio a la vez que le devolvía el antifaz.

El trago saliva, se perdió por un segundo en la mecedora que eran las pestañas de ella y le abrió la puerta del automóvil para que entrara.
Una vez dentro se giro y le entrego un pequeño frasco de cristal que contenía un líquido viscoso de color ámbar. Ella le regalo una sonrisa que el contemplo por el espejo retrovisor.

Ahora miraba por la ventana la cortina de olivos que escoltaba su paso, aspiro la humedad del ambiente y miro de reojo el banco de nubes recargadas que tapizaban el cielo. Los ojos de YG se encontraron con los de ella y el extendió sobre su hombro derecho nuevamente el antifaz; estaban próximos a llegar.

Ella tomo el gambox en sus manos, lo miro y sin decir una sola palabra se lo coloco. El automóvil detuvo su marcha, la puerta se abrió, una corriente eléctrica la recorrió al sentir la suavidad de esa bella mano que le era familiar.

Caminaron en silencio a la cocina y ahí junto a la mesa de preparación le retiro el antifaz y en un gesto audaz en el, aparto con la mano izquierda un mechón de cabello que le cubría la frente.

La lista de ingredientes que días antes había hecho llegar a YG estaban sobre la mesa, ella reviso minuciosamente cada uno de ellos y una sonrisa afloro en sus rostro, acto seguido tomo el control de la televisión y la encendió.

El lino crudo había sido una buena elección, le sentaba bien con el tono de su piel y su cabello. Sentado frente a la pantalla FP con una mascada de color azul cubriéndoles los ojos reaccionaba al sonido de la televisión.

Movió su cabeza en ambas direcciones, aspiro en más de una ocasión como si pudiera llenarse de la fragancia de ella a través del monitor. Muy a pesar de las circunstancias tuvo ánimo de sonreír y darle la bienvenida con estos versos.

el viento me ha traído
tu nombre en la mañana;
el eco de tus pasos
repite la montaña…
no te verán mis ojos;
¡mi corazón te aguarda!*


Ella guardo silencio. Aprovecho ese momento para recogerse el cabello y vestir la tradicional chaqueta blanca de corte mandarín y botones ribeteados, remango lentamente las mangas y miro de reojo la pantalla. El sentado en posición de flor de loto, el comedor desprovisto de muebles, como ella lo había solicito, el piso cubierto por una enorme alfombra persa de seda en tonos azules, verdes y carmín traída desde la región de Ferahan un bello ejemplar sin duda del anudado asimétrico Farsbaft.

Los ojos de ella descansaron a través de la pantalla en los de YG y este, parado a un lado de FP sostenía en sus manos un incensario con trozos de bukhour que el, a petición de ella había conseguido en la mezquita sunita a las afueras de la ciudad.

Coloco el incensario a un lado de el, este reacciono inmediatamente al fino hilo de fragante humo que danzaba en movimientos contorneados y lentos. El giro la cabeza a la izquierda y de una de las bolsas de la dishdasha que le hicieron vestir, sustrajo un misbah de cuentas ámbar de un tono oscuro casi chocolatazo. Y paso las cuentas entre sus dedos como si se preparara a rezar.

-cuando era un niño mi padre hizo traer un nodriza del norte de Palestina para que me amantara. Temía que no sobreviviera la fiebre que sumergió a mi madre en un sueño profundo del que no despertó. Ella me llamaba Sarim; el pequeño león. Me amamanto hasta los siete años cuando mi padre quedo convencido que nada podría sucederme.
Amal, era su nombre; la de la esperanza, se hizo cargo de mi como si fuera su sangre, y a su sangre la privo de la leche y la miel que emanaba de sus pechos y que yo bebí por tantos años recostado en su cama, en su lecho-.

Y mientras decía estas últimas palabras dirigió su voz en dirección a YG quien con la mirada cristalizada simplemente cruzo las manos al frente en un acto sombrío de claro abatimiento y añoranza.

Ella no rompió el silencio se limito a tomar los primeros ingredientes de la cena y apresurarse en la preparación. Esta noche se rompería con la tradición europea de los tiempos y la cena con todos sus componentes seria servida en un solo tiempo, y siguiendo la estricta tradición.

Lo primero seria la elaboraron de la Mezza que incluiría los siguientes aperitivos.

Un vaso de Laven fresco servio en vaso alto con una hoja tierna de menta

Un platón con Hummus, o puré de garbanzo servido en plato ovalado, con el dorso de una cuchara dibujaría un canal en el que vertería un poco de aceite de oliva y páprika dulce en polvo sin olvidar las aceitunas negras al centro a modo de decoración.

Un platón de Baba Ganouj o puré de berenjenas asadas, servido también en un plato ovalado que es decorado con el dorso de una cuchara pequeña en múltiples circunferencias.

Una charola con Khoubez de harina de trigo integral recién horneado

Un plato de aceitunas multicolor preparadas con especias aromáticas

Un plato pequeño con Toum o aliño de ajo

-sabe mi pequeña aprentti, lamentablemente el amor nos hace predecibles-.

Y justo al terminar de decir estas palabras unió las dos palmas de sus manos y recito en voz baja:

-Bismillah Ar-Rahman Ar-Rahim-

Y mientras el decía estos versos en voz alta los labios de YG en un acto mímico y silente repitieron los mismo versos de memoria. El dejo descansar su espalda en una de las almohadas que decoraban la habitación, apresuradamente y en un gesto más paternal que servil YG coloco perfectamente centrado un mullido cojín en la espalda de FP.

-conoce usted el proverbio árabe que dice: “Una mesa sin vegetales es como un hombre sin sabiduría” espero que haya tomado en cuenta ese sabio refrán para preparar la cena de esta noche así como las estrictas reglas del sacrificio de los animales-.

De nada estaban sirviendo los esfuerzos por hacerla hablar, por el contrario su voz fue opaca por las dolorosas notas de un laúd andalusí, seguidas de un qanun así como un par de flautas y violín que acompañaban los versos del poema de la fuente de Lindarajá de Ibn Zamrak.

Ensaladas.

Fatouch ensalada fresca a base de hojas de lechuga romana peino persa, tomate y perejil de hoja plana.

Taboule ensalada fresca con trigo desquebrajado, perejil de hoja china, tomate, cebollinas, pepino persa y aceite de oliva y limón.

Los platillos principales serian los siguientes.

Seyadieyeh Bil Samak, filetes de cazón asado en salsa Tahiní o ajonjolí y jugo de granada.

Bandeja de Pilaf con piñones tostados, pasas sultanas y un toque de azafrán iraní.

Bandeja de Mihshee Kousa, calabaza rellena de arroz y cordero molido sazonado con ajo, cebolla, tomate y jugo de limón.

Plato de Mjadara y Burghul, lentejas cocinadas con trigo y aceite de olivo

Plato de Bebamieh Bi Zayt, tiernas okras sazonadas con culantro y ajo

-¿supongo que usted sabe que jamás bebo vino con esta comida? Pensara que es una ironía no beber Fuqqa o Nabihd con estos alimentos, pero suelo ser muy respetuoso de las tradiciones. Y la tradición obliga a no beber jugo de uva o cebada que puede nebular la mente del hombre. Y hacerlo que se olvide de Dios-.

Ella volvió a mirar de frente el monitor, se quedo por unos minutos contemplando el ángulo de la barbilla los pómulos, la frente, el nacimiento del caprichoso cabello que le caía en un rizo de manera despreocupada del lado derecho, el nacimiento de una barba que hacia solo una semana le habían recorrido los muslos dejando un rastro lacerante en su delicada piel.
Contemplo sus manos sus brazos miro de nuevo a la pantalla y suspiro profundamente. En el podía reflejarse por completo, viendolo así, indefenso y a la vez tan incólume. En el reconocía la herida lacerante que la había marcado hacia unas semanas en esa misma cocina, verlo así vulnerable tan en sus manos la hacia pensar en ella y en el temor que le provocaban esos labios y la serpiente que los habitaban.

Finalmente arrojo cuatro semillas de cardamomo a la infusión de te y dio un vistazo a los postres.

Charola de bocadillos de Knefeh, preparado con mil hojas, queso, miel de azúcar y limón.

Charola de datiles rellenos de nuez de castilla

Rodajas de cuarto menguante de melón fresco

Awamette, pequeñas bolitas de masa en jarabe de azúcar con agua de flores de azar

Cuando hubo terminado todo el menú, dejo sobre la mesa de preparación la toalla con la que se limpio las manos y se dirigió al cuarto continuo a la cocina. Una vez cambiada abrió la puerta y ahí estaba el, aguardándola como siempre, tomo de nuevo su mano y ella se dejo guiar hasta el comedor donde la esperaba FP.

El ambiente estaba perfumado por las maderas preciosas que crujían contra el fuego, la luz tenue daban un tono aun mas dramático a la recién instalada decoración, las paredes habían sido recubiertas de pesados brocados y en el techo se había instalado un abultado cielo ceñido al centro de donde emergía un elaborado candil.

Los platones de comida habían sido colocados en el piso cercanos al comensal, frente a el un plato de terracota laqueado, y siguiendo el estricto protocolo no se colocaron cubiertos. Unas copas para verter el agua fresca y los jugos de granada e higo. A su lado izquierdo un recipiente en metal con agua y una sola rodaja de limón para que el se pudiera limpiar los dedos entre degustaciones.

Ella recorrió cada detalle del comedor la colocación de cada platillo y finalmente la intensidad de la luz. El noto su presencia por un lejano cascabeleo que anunciaba la proximidad de su fragancia

Beatrix apenas pisando la suave alfombra con los pies descalzos se paro frente a el cubierta apenas por un velo oscuro con un cinto ceñido a la cintura en plata. El torso completamente desnudo únicamente revestido por un intrincado diseño en el más puro estilo filigrana en henna que cubría sus brazos, su espalda, sus senos, sus piernas y sus manos.

Ella se acerco lentamente a el, dejo que la respiración de el empañará el cristal de las copas, acaricio con sus dos manos su rostro, sus mejillas y beso lentamente los ojos vendados, bajo por su cuello en un solo trazo con su lengua y subió de nuevo hasta remolinarse en el hueco de su oreja y humedecerla. El respondió con un gemido infantil y desesperado, pero ella cerro sus labios con su mano, nuevamente lo tomo de los hombros y reconoció el largo de sus brazos, la suavidad de sus manos y sus dedos delgados.

De un movimiento suave lo recostó y subió la disdasha que lo cubría y dejo al desnudo sus firmes piernas. Acaricio los tobillos y la planta de los pies, con dos manos tomo el pie derecho y lo elevo a la altura de sus labios y recorrió sus dedos con la punta de la lengua, humedeciendo uno a uno esos dedos hermosos. Y el se estremecía al contacto de su tibia lengua con su piel, el hacia esfuerzos inútiles por detener esa laceración. Gemía y se retorcía tratando de tomar aire.
Ella acaricio lentamente con sus dos manos las pantorrillas cubiertas de ese grueso vello subió por los firmes muslos y clavo sus uñas en las redondas nalgas, el respondió con un quejido seco mas parecido al clamor que al placer. Sus dedos encontraron el nacimiento de sus ingles y su lengua recorrió esos surcos una y otra vez. Entonces pudo sentir su dureza, la vio crecer frente a sus ojos, emerger casi de manera amenazante, la vio hincharse, y sostenerse. Ella con su mano derecha lo tomo con suavidad y lo llevo a sus labios y encontró su acomodo entre la afelpada alfombra de su lengua y el domo de su paladar.

El tensaba sus piernas y apretaba las nalgas mientras sus manos acariciaban el pelo de ella y trataba de murmurar insólitas palabras de amor. El vaivén de su boca lo tenia en un espasmo mezcla de placer y dolor, ella entonces contagiada por su agitación, se monto sobre el, sintió la embestida y las suaves manos recorriendo su grupa, minutos antes lo había detenido cuando en un arranque de desesperación estuvo a punto de arrancarse la venda de los ojos, ella elevo su cuerpo al ritmo de un carrusel, y giro sus vientre hacia fuera y hacia dentro, mientras acariciaba los pequeños y duros pezones de el.
Ambos cuerpos cubiertos de una ligera capa de sudor y saliva, el buscaba con desesperación los labios de ella, pero a cada intento ella los retiraba, y se contorneaba con mayor fuerza, como si siquiera despojarlo de el mismo.

En un movimiento totalmente inesperado y brusco contrajo su pelvis y el sintió la presión y estallo en un solo grito y se dejo vencer con el cuerpo tembloroso y frágil. Ella hecho su cuerpo sobre el y descanso unos minutos con la respiración agitada. Mezclando una vez más sus humores.

Unos minutos mas tarde se retiro y el alargo su brazo tratando de detenerla pero ella lo rechazo, se sentó frente a el y en eso YG se aproximo y le retiro la venda.

El la pudo por fin contemplar desnuda, lo que nunca imagino fue la sorpresa al descubrir el tatuado temporal en henna que cubría su cuerpo. Acerco una de las velas y observó a detalle el diseño, ella sentada frente a el en silencio.

Entonces sin hacer caso a los platos de comida la examino una vez mas y un escalofrió recorrió su cuerpo. Y lo hacia desear aun mas un beso de sus labios, ella tomo en sus manos el pequeño frasco de cristal que YG le había entregado, lo abrió y cubrió uno de sus dedos con el viscoso líquido de color ámbar. El la miraba atónito, un golpe ligero a miel invadió el comedor, ella llevo el dedo a sus labios y los cubrió por completo de esa miel. Un escalofrio recorrio la espalda de FP su garganta empezó a cerrarse, la respiración entrecortada le dificultaba hablar. La ultima vez que había experimentado un ataque parecido a este fue antes de regresar a Francia, siendo aun niño, los dos jugaban en el jardín, tras los naranjos, de manera accidental golpearon con una vara un panal de abejas y el enjambre se dejo caer sobre el mayor de los dos, quien grito horrorizado. Al escuchar los gritos de auxilio Amal corrió a rescatarlo antes de que muriera sofocado por la ponzoña de los aguijones.
Hasta el día de hoy el solo recuerda la habitación del hospital donde estuvo internado por dos semanas, los bracitos carcomidos por el efecto toxico que las abejas le producían. Llamo lastimosamente a Amal, imploro buscar consuelo entre sus senos, pero ella nunca acudió al llamado, junto a el en silencio con la cabecita gacha y las manitas cruzadas al frente Yamal Ghiyath, sin poder imaginarlo siquiera, el significado de sus dos nombres marcaba su destino de niño doblemente huérfano.

Entonces el miro a los ojos a su fiel acompañante y en una voz apenas audible le dijo:

-¿Laish Yamal Ghiyath?-

A lo que el le respondió.

-La Ahad Yemoot Min El Hub...-

Glosario:

*Poema de A. Machado

Mezza: Grupo de aperitivos

Bukhour: Incienso de maderas preciosas o resina

Fuqqa: Cerveza de los tiempos biblicos

Nabihd: Vino elaborado segun la tradicion biblica

Misbah: Rosario de cuentas que se utiliza para rezar o pasatiempo

Dishdasha: Vestimenta tradicional masculina de una sola pieza, generalmente elaborada de algodon, lana o lino.

Laish: Por que?

Yamal: nombre propio significado, Uno de los gemelos

Ghiyath: nombre propio significado, El que Asiste

Bismillah Ar-RahmanAr-Ra Him: En el nombre de Dios, el compasivo y misericordioso

La Ahad Yemoot Min El Hub: "Nadie muere por amor"



martes, agosto 21, 2007

Un Maridaje Adecuado: Los Taninos Han Dejado de Existir…




Las “Nebbiolo” son así: mitad niebla, mitad amanecer, pensó. Conocía de sobra la cepa que producía ese vino opulento en extractos astringentes, cuya estructura aterciopelada y voluptuosa la encendía y la dejaba así: En una neblina inmisericorde, en el vaho de sus pensamientos más etéreos.

Lo único que recordaba de la comida interrumpida antes del sexto tiempo era eso. Un monstruo sin cabeza que le devoraba sus entrañas y una ducha proverbial de un auténtico Barolo Piamontés, DOCG di Reserva Numeratta, sobre su pubis: monte de Venus envinado, haciendo las veces de un bocatto di cardenale.

- Travaglini Gattinara, 1978 – Había reconocido ella, justo al seleccionar el recipiente donde serviría tal tesoro, avalado por la vinicultoría internacional como la mejor cosecha de la historia italiana. Por supuesto, sin dejar de ver al monitor de reojo, bajo la lupa siempre ácida de FP.


- Los vinos van con lo que el comensal gusta, no con lo que dice la etiqueta y esto es lo que me produce placer, con tu comida orientaloide – precisó lapidariamente el galo.

Antes de la primera degustación, antes del cataclismo que la sumió en aquella neblina extracorpórea que le iba a durar toda la vida, antes de aquel dulzor tanínico en sus mejillas; él, llevó su nariz al borde de una copa con bastante superficie -ensanchada más en la base y en forma de tulipán holandés-, que necesitaba tal vino para liberar sus extractos de carácter. Con la distancia de su experiencia, cerró los ojos; acarició el aroma estructurado y voluptuoso del líquido rojizo: jugosas zarzamoras, ciruelas de tonos castaños, cerezas negras de Moscatel, dulce de membrillo, y hasta un extraño sabor a cuero ahumado, cacao y café, aperfumado de pimienta blanca se le mezclaron en su memoria. Dio un primer sorbo y con una sonrisa dejó entrever que había llegado la hora. Infló los carrillos, pareció enviar un beso al monitor e hizo los buches necesarios para que el paladar le dictara un diagnóstico certero, observó el color inclinando la copa al trasluz y con la redondez de un pecho en sus ojos, sonrió:

- Poco tanino para una noche tan especial, un 80% de serp’tuínas alcanzarán para recordarte toda la vida – Le dijo con una voz que le obnubiló el pensamiento de nuevo a la apprenti para siempre.

Y eso había sido todo, porque fue cuando decidió salirse del monitor, atravesar la pared otrora infranqueable, meterse a la cocina como si fuera realmente de él y no dejar terminar los múltiples tiempos de la comida que ella tanto se había esmerado en preparar. Ni el Ho Yip Faan, las esferas de arroz y pollo al vapor envueltas en hojas de flor de loto, habían sido suficientes para advertirle de la hecatombe que le produjo tal oleada de acercamientos… tal ducha de taninos!

Ya habían pasado varias horas, las contaba. Los taninos entre otras cosas sirven para sanar las heridas que no sana el tiempo, pensaba. Son buenísimos para la piel y bloquean hasta la absorción del hierro de algunos alimentos como las carnes rojas. Pero sobretodo sirven para la memoria, pero para la memoria del corazón, para que nunca se le olvide funcionar; recordaba, mientras una hamaca lunar en luminoso octante les mecía.

Los labios - antes, más dulces que resecos- humedecieron el amanecer albo, que adornaba el torso de la Apprenti. La lengua se le quedó pegada al paladar, como una “marea amarga”, una sensación que ambos gustaban de experimentar como excelentes sommeliers que eran.

La recamara principal le había gustado tanto como la noche misma. En su cabecera un Manet, hacía una alusión a los bebedores de Ajenjo distraídos. Dos claroscuros de Gentilleschi y Caravaggio adornaban un fino y bien cuidado ventanal francés por el que ella, aún desnuda y envuelta en la camisa de él, decidió volar; mariposear por su jardín de girasoles al mejor estilo de Van Gogh y regresar a las sedosas sábanas de una mañana nublada y gris como las de San Gimigniano, la tierra de las mejores vendimias de uva Nebbiolo. Realmente parecía contenta, sonriente, hasta alcanzó a pensar que platillos prepararle en una próxima ocasión… cómo sorprenderlo y cómo no dejarse sorprender.

Entonces fue cuando entendió que el tiempo no era lo mismo que el espacio y viceversa, y fue cuando lo pudo contemplar, aún tendido en la cama, dormido, desnudo y con el pelo revuelto.

- No, no me puedo quedar - susurró ella, mientras se cambiaba de camisa.

Y esa fue su primera intención y también su decisión más precaria.
F.P, se levantó tan rápido como pudo, le imploró, le dijo que ahora, él cocinaría unos Chalotes Multicolores que había traído de Marbella, y que pensaba rellenarlos con chuleta de buey y acompañarlos con unos Espaguetis cualquiera a la Trufa, eso le dijo.

- No! – Respondió en el colmo de un arranque con tintes histéricos aún desconocidos para ella.

- Y quiero que el hombre del traje gris, YG, me lleve ahora a mi casa! – exigió.

No había nada que hacer. Caminaron por un largo pasillo que desembocaba a la cocina donde ella sentía que había dejado su corazón por siempre. Miró hacia la pantalla que antes la veía con ojos de cirujano, ahora le parecía más que lejana. Ahora no la entendía, necesitaba tiempo para pensar, qué clase de trabajo iba a aceptar, eso era lo que tenía que resolver, de forma más inmediata que la aireación de un vino joven. ¿En que iban a quedar sus, tan finas condiciones de apprenti?…

A su salida, y antes de subirse al auto. Se le ocurrió saber el porqué del tono del uniforme de YG, pues simplemente le gustaba y de esa forma quería hacérselo saber. Hizo un ademán de pregunta importante, como si realmente le fuera a hablar de amor a FP y se sintió tan segura de sí misma, que olvidó por completo las reglas de cortesía elementales con su anfitrión.

- Es por aquello de “La podredumbre Gris”, la epidemia de la vid, que acabó con todos mis viñedos antes de conocerte; pero también es, el reflejo de mi vida misma – Le contestó el celta con una solemnidad tan devastadora que ella, simplemente… lo ignoró.

El camino de regreso, como siempre en silencio, la llevó a tumbos a sensaciones y recuerdos insospechados y trepidantes. El “nebbiolo” humedeciendo aún más su pubis pero atemperando la calentura descomunal de su vientre, la bandeja de plata al centro de la mesa redonda y su mantel de brocado donde ella entendió la importancia de sus muslos… la respiración entrecortada de ambos:

- Los taninos, han dejado de existir y las heridas también. Ese sí que fue un maridaje perfecto! – Pensó ella mientras YG, el hombre del traje gris, contemplaba su alegría mirándola por el retrovisor.





Y.G.

martes, agosto 14, 2007

Bon Appetit



Mi querida apprenti,

La espero el domingo a las seis y treinta de la tarde, en esta ocasión la cena será servida mas tarde.

La aguardo,

FP

¿Por que será que hoy se me hace el trayecto mas largo? ¿Acaso YG viene manejando mas despacio que de costumbre? ¿Y por que nunca me respondió si aceptaba el menú que le sugerí para la cena de hoy?

-hemos llegado-

Abrió la puerta del automóvil y me encamino hacia la cocina, sin embargo esta vez tardo mucho más en quitarme el antifaz.

-Aguardaba su llegada, luce usted cansada mi pequeña apprenti, ¿acaso no durmió bien? ¿Algo le afligía?-

-No, nada-

-¿entonces, será que la tenia inquieta nuestro encuentro? Por Dios no me mire así, estoy tratando de romper el hielo, estuvimos separados una eternidad, ¿no le pareció así?

-No-

-Por lo visto usted vine preparada para hacerme cenar un suculento plato de monosílabos en salsa muda-

-¡Nunca me respondió a la sugerencia de mi menú, trabaje mucho preparándolo, realizando la elección de los platillos y usted no dijo ni una sola palabra, me quede en espera de una respuesta!-

-Querida usted me conmueve, cuando leí su menú ¿sabe que fue lo primero que se me vino a la mente? Que usted pretendía impresionarme, ¿estoy en lo cierto?

-Lo menos que esperaba de usted era una atención-

-Creo que ambos nos conferimos el mismo pensamiento ¿sabe? Al igual que usted me quede en espera de una respuesta afirmativa de su parte con respecto a mi oferta de trabajo, ¿pero dígame por que estamos discutiendo de esta manera? Me resulta desagradable, no solo el argumento, sino el verme obligado a darle una explicación.-

"En una ocasión un emperador le consulto a Confucio sobre un asunto militar, a lo que Confucio respondió. “efectivamente poseo conocimientos referentes a Tsu (un puesto de carnes) y al Tou (un platillo) pero en asuntos militares desconozco el tema."

Primer Tiempo:

Gaau Ji

Pequeños dumplings en forma de media luna rellenos de cangrejo negro, macerado en vino de arroz, combinado con repollo y jengibre fresco, cebollinas, salsa de soja y ajonjolí tostado.

Segundo Tiempo:

Cha Yip Daam

Huevo de codorniz cocido y marmoleado en hojas tiernas de te negro sobre una hoja de loto.

-¿Usted me pensó no es así? no importa lo que me diga, yo se que me pensó, ese menú me lo confirma, usted quiere sorprenderme. Pero dígame, ¿sabia usted que fue Confucio quien influyo en que se utilizaron los palillos chinos en las mesas en vez de los letales cuchillos? Se imagina usted, gracias a el en la mesa oriental el dedo pulgar juega un papel importantísimo que de otra manera ningún otro instrumento mas le habría conferido, se podría decir que sin el pulgar no se puede comer-.

Claro que no lo pensé, ¡de que rayos habla! Fue el quien menciono que volvería cansado de la sazón francesa, ¿así que, que mejor que comida China? Y si claro que sabia lo de los palillos chinos, como se otras cosas. Y no, no lo pensé.

¿Recuerdas aquella ocasión en que fuimos al barrio chino? Hacia frío y tu venias saliendo de una gripe terrible, entramos al restaurante y ordenaste una sopa para los dos: Ngau Sung Yin Sai Tong en una olla de barro nos trajeron un consomé de carne molida, con clara de huevo simulado finos y delgadísimos cabellos coronado todo por un confité de cilantro fresco. Esa noche descubrí que hablabas chino, el chef salio a saludarte cuando supo que estabas en el restaurante, hablaron por diez minutos y nunca me presentaste, por el contrario era como si no existiera, entonces deje de existir me limite a ver tus manos y tus gesticulaciones, asentaste en repetidas ocasiones y el se despidió de ti y tu volviste tu mirada hacia mi, me sonreíste. Yo no devolví la sonrisa, tú me miraste y dijiste: -No te voy a dar una disculpa, no fue con intención el ignorarte pero hay reglas culturales y hay que respetarlas-

Esa noche me explicaste a detalle la preparación de la sopa y el modo correcto de marinar la carne, antes de incorporarla al consomé, resaltaste la importancia de jamás utilizar pimienta negra en un consume chino pues arruinaría el color y finalmente me insististe en solo utilizar jengibre joven.
De vuelta en casa me baje del auto sin despedirme me de ti, a mi las reglas culturales me valían comino, como también me importaba un carajo saber como preparar correctamente una base de consomé chino.
Y me quede esperando en la puerta que corrieras a mí, ¿espere cuanto tiempo? No lo se, esa noche me quede dormida llorando de rabia. Cuando desperté estabas a mi lado, en la mesita de noche habías dejado una nota diciendo:

-No te voy a pedir disculpas ni a darte una explicación, no hubo nunca intención de ofender-

Y yo te mire tendido en la cama, desnudo, recorrí el tatuaje de tu brazo izquierdo con mi dedo y dibuje un corazón en el, sin abrir los ojos siquiera y de un solo tirón me acercaste a tu boca y la serpiente que habita en tu boca entro sin tropiezo en mis labios y se enrosco en mi lengua.

-Yo la pensé querida. La pensé mas de lo que puede imaginar, París es una ciudad donde usted podría ser muy feliz, aun que estoy convencido que la arrogancia de los franceses terminarían por cansarla. No me ha preguntado siquiera por los víveres que traje de allá, estaba convencido que eso la llenaría de entusiasmo, o por lo menos lo que le he traído a usted, ¿no le da curiosidad?

-No debió molestarse-

-Yo no me molesto, me ocupo que es diferente. ¿En quien pensaba?-

Tercer Tiempo:

Chyun Mei Naam Gwa Tong

Sopa ligera de la región de Sichuan a base de pequeños cubos de calabaza y legumbre china.

Cuarto Tiempo:

Si Jap Chaau Dai Ji

Trío de Callos de Hacha en salsa de fríjol negro y rodajas de chile tailandés

Quinto Tiempo:

Ho Yip Faan

Esferas de arroz y pollo al vapor envueltas en hojas de flor de loto

-Le hice una pregunta, ¿en quien pensaba?

-Pienso en la comida, pienso en la temperatura correcta, pienso en el corte ideal, en eso pienso no tengo tiempo de pensar en nada más mientras cocino.-

¿Por que estoy tan molesta hoy con el? ¿Por que me irrita tanto que me cuestione? No debí volver, que diablos estoy haciendo aquí? esto es una locura, no tengo ni idea de donde estoy, ni quien es este tipo, podría ser un loco, podría desaparecerme y jamás nadie sabría que ocurro conmigo, ¿en que estaba pensando, en que?

-La duda es una agonía no se la recomiendo-

-¿Por que demonios me tienen que vendar los ojos para venir acá? ¿Por que solo conozco sus iniciales y no su nombre completo?-

El se levanta de la silla, camina junto a la mesa sin mirar a la cámara, se aleja, no dice nada, ¿a donde va? Este tipo me va enloquecer.
Una de las paredes de la cocina gira lentamente y el aparece, lo puedo ver a la luz, esta frente a mi, mi corazón palpita aceleradamente, mi mano tiembla y busca el cuchillo, tomo el cuchillo por el mango, mi mano aun en la mesa de preparación, puedo sentir el frío del granito recorrer y entumir mi mano, el da un paso, se adentra en la cocina, se para frente a mi y me mira con esos ojos que he aprendido a necesitar, camina lento en mi dirección, puedo ver su pecho, el color de su piel a través de los primeros dos botones sin abrochar de la camisa blanca, el pelo revuelto, sus pasos son cada vez mas cortos, no hace ruido al andar, su respiración es lo único que se escucha en toda la cocina y este grito ahogado que no quiere salir de mi garganta.

Toma mi mano derecha y sostiene en alto mi mano y el reflejo de la navaja contra la luz arroja destellos, el me acerca a su cuerpo, siento su respiración junto a la mía, siento su aliento, sus ojos encendidos. De un movimiento me hace que suelte el cuchillo y con la mano izquierda me toma de la cintura, me acerca peligrosamente a su cuerpo, y el puede sentir el temblor de mis manos, mi respiración agitada y yo me embriago del perfume que despide su piel, el acerca sus labios a mi hombro derecho y lo besa.

-Y que mas da un nombre ¿en que cambia tener un nombre que no tenerlo? Yo podría decirle por ejemplo que soy Fausto, Federico, Felipe o Francisco, que mi apellido es Pérez, Paredes, Pasos, Portillo o Poullard. Y eso que cambiaria, que le diría eso de mí? no le diría absolutamente nada.
Esta noche usted y yo vamos a hacer un pacto: usted me va querer a mí sin preguntas y yo la voy a adorar a usted sin respuestas. Ahora vaya al cuarto continuo de la cocina y vea lo que he traído, estaré en el comedor aguardando, aguardándola.-


-¡Aun no termino de cocinar!-

El se detiene en la mesa y dándome la espalda me responde:

-El sexto tiempo arruino la perfecta secuencia que había logrado llevar de manera casi magistral. Desconozco los libros a los que usted consulto, pero en ellos usted debió leer que el arroz jamás es servido como un platillo principal. La costumbre marca que el arroz debe ser ofrecido a los comensales solo después de degustar los principales platillos de un festín, festín que como usted sabe debe incluir pato, abulón, cangrejo negro y aleta de tiburón. El arroz considerado por todos, el alimento más humilde solo debe ser ofrecido como relleno en el excepcional caso de que los comensales quedaran con apetito y nunca como un platillo principal ni complementario de una cena, si estuviéramos en épocas imperiales, mi apprenti usted hubiera terminado degollada. Pero para su fortuna yo me limito a ser solo un pequeño dictador comparado a cualquiera de los extintos emperadores chinos.-

El abandona la cocina, se cierra la pared.

Desabrocho la chaqueta tan solo los primeros dos botones, abro una de las solapas y me giro a la cámara, mi mano recorre mi pecho, hurga el encaje francés de mi sostén, abro tan solo un poco la solapa y miro de frente a la cámara antes de ir al cuarto continuo a la cocina, su respiración retumba en las cuatro paredes de la cocina, su húmeda respiración recorre mi espalda, doy un giro y camino hacia la puerta.

Dentro del cuarto hay una caja gris con letras blancas, leo Christian Dior, abro la caja un par de sandalias verdes de piel con entrelazado de piel de pitón y tacón ancho.
Junto a la caja una funda de plástico también en tono gris con letras blancas donde se lee el mismo nombre.
La falda en línea A del vestido verde haciando juego a las sandalias justo arriba de la rodilla, al centro de la falda una serie de pliegues en contra del hilo emulando el tejido de las sandalias.

Afuera me espera YG como siempre, como al parecer siempre lo va hacer, de un gesto me señala el cabello y me entrega una argolla en dorado y diamantes, camino detrás de el mientras agarro mi cabello suelto, el me espera en la mesa, esta vez la mesa es redonda con un mantel de seda en brocado que cae hasta el suelo, en la mesa solo colocado al centro una enorme bandeja en plata, el sentado en su silla sin dejar de mirarme, me pide que me acerque.
Yo me aproximo a el, aun guiada por la mano de YG, de un movimiento le hace una seña y con las dos manos YG me toma de la cintura me eleva y me sienta en la charola al centro de la mesa. Mi piernas abiertas sobresalen de la bandeja quedando desparramadas hasta tocar la orilla, el me mira detenidamente respira profundamente y rompe el silencio.

-Ese séptimo tiempo era letal mademoiselle, ¿que intentaba usted hacer conmigo esta noche? Laap Baat Juk, se preocupo usted por informarse que ese postre solo era servido en el octavo día del calendario lunar y por ser considerado un platillo exótico solo le era ofrecido como ultimo deseo a los condenados a muerte. ¿Sabia usted eso?-

Su mano derecha recorrió la suela del zapato, subió y acaricio el empeine de mi pie, prosiguió su andada por mi muslo, bajo de un solo recorrido hasta detenerse en mi tobillo. Volvió a subir hasta llegar a mi rodilla, entonces con sus dos manos acaricio mis muslos, sentí sus tibias manos tocar con suavidad, recorrer los pliegues de mis piernas, de un movimiento suave tiro de mis tobillos y me atrajo hacia el, su cara entre mis rodillas, sus labios carnosos con la mueca que se convierte en sonrisa, los ojos profundos y brillantes, su aliento cada vez mas cerca de mis rosados labios, de mis húmedos labios, su lengua recorriendo el nacimiento de mi pubis, un gemido escapo de mis labios y el eco lejano de sus voz me deseaba:
un Bon Appetit.

sábado, agosto 04, 2007

Mi estimada apprenti...



Mi estimada apprenti,

Por medio de este conducto hago de su conocimiento que no me será posible recibirla el próximo domingo 5 de Agosto como lo pactamos. (Se que aun usted no tiene la cortesía de responder a mi oferta de trabajo, sin embargo estoy convencido que esta usted considerando una respuesta afirmativa).

El próximo domingo se presenta la opera La Perichole, La Chanteuse Et Le Dictateur…en el teatro de la Opera Comique en Paris, por ningún motivo me permitiría no estar presente en el estreno.

Por otra parte, en estas fechas arriba a la Maison de la Truffe mi orden especial de trufa negra invernal, cuando usted recree su paladar y comprenda de lo que le estoy hablando, le anticipo que se sentirá avergonzada de la caricatura que me rebajo a engullir hace una semana.

Le anticipo que pensando en usted realizare una escala en la boutique que se ubica en 72 rue Bonaparte y le comprare la última colección de Ispahán creación de su maestro.

Mi viaje será de unos días los suficientes para regresar fastidiado de la sazón francesa y sus arrogancias, aunque se que usted no comparte mi manera de pensar, le haré llegar con anticipación la lista de vinos que ordene a La Derniere Goutte, así como los cortes que la casa Rudis provee para mi desde hace años.

Le anticipo que estaré bebiendo te en la Maison Laduree, los macarons de ellos me gustan sobre todo el de rosas y el de trufa blanca.

Finalmente me veo obligado tomando en cuenta su creatividad, no solo en el ámbito culinario sino el de su personalidad a no dejar en sus manos el te que bebo, así que abasteceré la alacena con tes de la casa Mariage Freres, estoy convencido que cuando usted se deleite con la infusión de Marco Polo entenderá de que le hablo.

Mi estimada dedique estos días en cultivar ideas para sorprenderme, su primer intento resulto conmovedor sin embargo considero que usted puede emplear mejor sus conocimientos.

Por ultimo y sin el designio de restarle trascendencia planeo visitar la casa Dior esta es una de las mejores temporadas en diseño de zapatos, cuando usted vea el par de sandalias de plataforma verde en piel y piel de pitón con un diseño trenzado que le encargue quedara mas que complacida.

Sin otra intención que no sea la de quedar de usted como su gentil e inequívoco centinela me despido no sin antes desearle un ligero y reparador fin de semana.

Atentamente,

F.P.

domingo, julio 29, 2007

Anuncio Clasificado

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Solicito cocinero (a) personal, interesado (a) favor de comunicarse a la siguiente dirección de correo electrónico y enviar adjunto generales.

F.P.
Mi abuela decía que cuando una mariposa revoloteaba por la puerta de tu casa y entraba era portadora de buenas noticias. Un día te dije eso y me miraste por largo rato, el cobalto de tus ojos se contrajo y sin decir palabra saliste de mi cocina, para no volver.
Esta mañana una mariposa monarca revoloteo nuevamente por mi puerta.

-esta mariposa me dije, trae buenas noticias-Con el primer café del día me siento frente a la ventana y disfruto de un sol niño que a regañadientes esta iniciando su ascenso, lo inusual en mí: hojeo el periódico.

En la primera plana del clasificado leo un anuncio brevísimo y sin grandes explicaciones, solicitan un cocinero. Pienso de nuevo en la mariposa y sin darle muchas vueltas al asunto redacto el siguiente mensaje.

Estoy interesada en el anuncio que aparece en la plana del clasificado solicitando cocinero, adjunto a este mensaje envío mi currículo. Gracias. Beatrix

Tú me enseñaste que cocinar es un acto de amor, que es indispensable conocer al comensal, siempre me hablaste de la importancia de entender sus gustos, sus preferencias. Decías: es como hacerles el amor, tienes que saber como tocar, como acariciar, como elevarlos al cielo con un platillo.

Si la persona del clasificado responde a mi mensaje recordare hacer varias preguntas, la mayor cantidad de preguntas posibles…

El mensaje de respuesta era corto y se leía así:

Interesado en contratar sus servicio. Mi chofer pasara por usted a la dirección que me indique el próximo Domingo 29 de Julio, le recuerdo que la cena debe ser servida a las 7:16 PM hora del pacifico. No es necesario traer equipo, no vista chaqueta blanca.
Por ultimo, No puede cocinar cerdo, ni utilizar los siguientes ingredientes en ninguno de los cinco tiempos de la cena: café o chocolate.

Gracias

F.P.

Cinco tiempos…leí bien quiere una cena en cinco tiempos…y no puedo llevar nada…y tengo que ir sin ¿chaqueta blanca? Pero es la única que tengo, y no le gusta el cerdo, será alérgico o tal vez motivos religiosos. Pero eso del café y el chocolate es verdaderamente de locos.

Durante días trabaje afanosamente en la creación del menú, cinco tiempos, todos ellos balanceados, todos ellos en completa armonía, una orquesta de sabores y sensaciones en su paladar. ¿Pero como era ese hombre misterioso de las iniciales? Logre hablar con el en una sola ocasión. Le pregunte por que me eligió a mí, imagine que era por mis estudios de arte culinario, no cualquiera tiene la suerte de estudiar con Chefs dos y tres estrellas Michellin. Pero esta fue su respuesta:

-Su currículo debería ser seriamente revisado por alguien, hay una cantidad casi ofensiva de faltas de ortografía y falta de puntuación, en cuanto a sus estudios, quede más impresionado en la experiencia de sus maestros que en la suya. Que por que la contrate, muy sencillo, usted fue la única que respondió el anuncio clasificado. La veo el domingo sea puntal-


El chofer del señor F.P. arribó puntualmente por mi a las 3:30 de la tarde, tengo exactamente tres horas para hacer la cena y preparar todo, revise mentalmente la lista de ingredientes que con días de anticipación le hice llegar, el corte de carne, los mariscos, las verduras, frutas y el vino.
Antes de salir di un último vistazo a la casa y tome el estuche de piel donde transporto los cuchillos.

El chofer del señor F.P. me dijo:

-el señor me pidió que le recordara que no podía traer nada-
-son mis cuchillos de trabajo, sin ellos no puedo trabajar-
-la cocina esta equipada-
-no lo dudo pero sin mis cuchillos no puedo trabajar-
-le aseguro a usted que no tendrá problemas para trabajar, pero no la puedo llevar con ese estuche-


Me sentí totalmente desprotegida abrace en un gesto infantil mi estuche de cuchillos, este fue un regalo tuyo, mi cuchillo de diez pulgadas no se trabajar sin el, pero era claro que este hombre no me subiría al carro con este estuche.
Abrí de nuevo la puerta de la casa y deje el estuche junto a la mesa, di un último vistazo a mi cocina y cerré la puerta solo para seguirlo hasta el automóvil.
Una vez dentro del auto se giro y me extendió con la mano derecha un antifaz negro.

-¿y esto?- pregunte mas que asustada
-medidas de seguridad-
-¿mías o de quien?-
-del señor señorita, claro que del señor


Sostuve el antifaz por un minuto en mis manos, jugué con el elástico entre mis dedos de manera nerviosa, esto me estaba asustando, por que habría de cubrirme los ojos, a donde iríamos…pero en eso recordé la mariposa en la puerta de mi casa y me dije:

buenas noticias, ella traía buenas noticias-

Y mientras me repetía eso, me coloque el antifaz cubriendo totalmente mis ojos.
Perdí la noción del tiempo, sentí cuando el auto paro su marcha y la puerta izquierda se abrió, el chofer del cual tampoco conocía su nombre, tan solo las iniciales grabadas en el sector izquierdo de la chaqueta en letras romanas se leía: Y.G.
Tampoco me permitió removerme el antifaz, me tomo me la mano y guió mis pasos hasta que llegamos a la cocina y ahí me lo retiro.

Mis ojos adoloridos por la luz trataban de acostumbrarse a esta nueva condición.
La cocina era muy amplia e iluminada, al centro había una mesa de preparación con base de nogal y una plancha de granito. La estufa de ocho hornillas y dos hornos a un lado, un refrigerador y un congelador, así como tres lavabos y anaqueles perfectamente ordenados con todo tipo de especias e ingredientes.
En la mesa de preparación había un estuche de piel igual al mío, dentro un juego nuevo de cuchillos Wüsthof, incluido el de diez pulgadas con mango de madera. A un lado del estuche una bolsa, en ella había un uniforme en verde con mi nombre bordado en el lado izquierdo en hilo azul. Era de mi medida…frente a mi estaba una pantalla de plasma de 29 pulgadas, tome el control y la encendí.

-¡Bienvenida! Espero que la cocina este lo suficientemente equipada, dispuse que ciertos procesos fueran realizados previos a su arribo, nada que afecte su preparación, simplemente le facilite ¿como es que dicen estos petulantes franceses? “Mise an place”
Espero que no le importe que la observe mientras trabaja, pero encuentro fascinante el proceso de la creación culinaria, además por que desaprovechar esta oportunidad para conversar-


Aturdida aun y sin saber bien que pensar y hacia donde dirigirme cuando hablaba le dije que no me importaba, en la pantalla solo se veía su espalda y la mesa ya dispuesta, pero todo estaba en penumbras, miro a un lado y veo una botella de Nebbiolo cosecha 1999 y antes de poder decir nada lo escucho decirme.

-Esa botella es para usted, por casualidad me entere que ese es el vino de su elección, no vaya usted a pensar que pienso arruinar mi platillo principal con un vino de esa edad y cosecha. Pero por mi no se detenga, que el tiempo vuela.-


El tiempo vuela…esa última frase creaba un eco en mi cabeza, agarre la chaqueta y me fui a cambiar. Regrese lista para trabajar, una copia del menú descansaba en la mesa así que fui tomando en orden los diferentes ingredientes.

Primer tiempo.

Una cuchara sopera adornada por un ostión y perlas blancas de caviar en salsa Sabayon, acompañados de una copa de vino Blanc de Blanc de la casa Pierre Peters.

Segundo tiempo.

Pudín de aragula y alcachofa acompañado de una guarnición de trufa negra invernal y ajo imperial.

El tercer tiempo es…-en eso la pantalla me habla.-

-dígame Beatrix, por que eligió ¿ese menú? Me llena de curiosidad, cualquiera diría que usted se preparaba para servir una cena romántica, ¿acaso es usted de las que cree que el amor llega por el estomago?-
-bueno, deje le explico…-
-No Beatrix, la respuesta no es para mi, a mi no me interesa conocer su respuesta, esa es para usted, pregúntese cuando fue la ultima vez que la gastronomía le trajo al amor. Y vera, que cuando sea honesta con su repuesta sabrá que el estomago es el órgano mas ingrato que tenemos los seremos humanos, mucho mas que el corazón, los genitales y la misma memoria.-

Por un momento pensé en ti, en la ultima vez que cenamos juntos, aquella noche estaba segura que después de degustar como lo hiciste ese plato de codornices en curry rojo y berenjenas asiáticas jamás te irías de mi lado, y sin embargo…

Tercer tiempo.

Hojas tiernas de espinacas con gajos de naranja-mora y confitura de tomate tricolor, aliño a base de una emulsión de Dijón y aceite Sicilia.

Cuarto tiempo.


Medallón de cordero con guarnición de flores de brócoli y hongos silvestres, puré de papas marmoleado con salsa Bordelaise.
Acompañado de una copa de vino de la región de Bordeaux, un Margaux Rauzan-Ségla cosecha 1989.

Casi todo esta listo, miro de reojo el reloj aun estoy a tiempo, siento en el cuello una tensión, la piernas me duelen y el calor de la cocina se torna sofocante. Me siento observada, se que el no pierde de vista cada movimiento que realizo, y me intriga no saber quien es, simplemente ver su espalda en el monitor.

-Se ha quedado callada Beatrix, ¿en que piensa?-
-en el último tiempo-
-ah! Por un momento pensé que el manojo de lavanda que pedí le colocaran en la mesa le traía recuerdos-
-no señor, la lavanda no me trae ningún recuerdo en particular. Pero dígame ¿por que no le gusta el chocolate ni el café?-
-¿y por que tendrían que gustarme?-
-No es que le tengan que gustar, pero a la gran mayoría de las personas le gusta el chocolate-
-usted tiene que cambiar eso mi estimada apprentí, no siempre vamos a complacer a los demás, se de buena fuente que el chocolate es su especialidad, pero a mi no me interesa retarla en el área en la que usted se encuentra cómoda, y que por azares del destino no apetezco.-
-pero tampoco come cerdo-
-bueno, creo que usted lee muy aprisa, si mal no recuerdo creo que mi respuesta fue “poco” con eso quiero decir que mido mi ingesta de carne de cerdo, pero mis motivos son distintos a los que posiblemente usted imagino. Estamos dentro del año chino del cerdo, ¿sabia usted eso? El año del cerdo no es un buen año para mi signo, así que por mera cortesía, créame es que lo evito.-


Quinto tiempo.

Tarta de pistacho con glaseado de duraznos y agua de rosas, adornado con un coulis de vainilla y crema. Acompañado de una copa de vino Sancerre de la casa Clos de Bouffants o te Fleur de Geisha.

Por fin. Todo esta listo justo a tiempo, miro el reloj y marca las 7:00 de la tarde, termino de limpiar la mesa y pregunto:

-puede disponer de la cena señor, solo indíqueme a que hora quiere que sirva-
-es usted muy puntual Beatrix, pero no, usted no va servir nada, ¿acaso imagina que una cena de esta magnitud la pensaba saborear solo? Nada mas alejado de la realidad, vaya al cuarto continuo a la cocina, me tome la libertad de elegir un vestido y unos zapatos, tiene solo quince minutos para volver a la mesa, vaya, aquí aguardo. Recuerde el cordero es una carne intolerante y recelosa, nunca se debe servir fría…-


El vestido en kiana guinda con manga tres cuartos y falda en línea A, arriba de la rodilla, los zapatos eran un par de Manolo Blahnik en el mismo tono del vestido y tacón de madera ligeramente curveado.

Al salir Y.G. me estaba esperando para conducirme sin decir una sola palabra al comedor.
Una mesa rectangular de doce asientos, en una de las cabeceras esta sentado el, por fin lo podía ver mejor, por lo menos la espalda, amplia, hombros rectos sin grandes pretensiones. Me indico sentarme en la otra cabecera, la mesa estaba dispuesta con una vajilla de porcelana de Bavaria blanca con filo en plata, los cubiertos tambien de plata colocados al estilo europeo en la modalidad del siglo XVII, el tenedor formando una cruz sobre el cuchillo. Varias copas de cristal polaco y servilleta de algodón blanco.
Cenamos en silencio pude observar como con la mano izquierda tomaba el cuchillo y el con el dedo índice empunaba el lomo del cuchillo con firmeza, con la mano derecha y el tenedor a la inversa iba colocando con la ayuda del cuchillo los pequeños bocados que terminaban en su boca. Entre bocado y bocado descansaba los cubiertos y bebía sorbos de vino.
Incomoda por el largo silencio me anime a preguntar:

-¿que celebra?-


El me miro por unos minutos y me respondió:

-Luna llena en Acuario, ¿le parece poca cosa?-
Una vez finalizado el quinto tiempo se limpio el contorno de los labios, se retiro de su asiento, vestía una camisa verde con puño francés y unas mancuernillas de lapislázuli los dos primero botones sin abrochar, un pantalón oscuro que alargaba mas su figura, el pelo largo por encima de los hombros con ondulado y de un castaño que bajo la luz de las velas lo hacia lucir multicolor, ojos almendrados y cejas arqueadas enmarcaban un rostro que a ratos mostraba una mueca del lado izquierdo de los labios. Con paso lento camino pegado a la orilla de la mesa, con la mano izquierda y utilizando solo el dedo índice recorrió la madera, su dedo subió por mi brazo y justo cuando lo tuve en mi espalda pude percibir la tenue fragancia a sándalo. Con la mano derecha recorrió el contorno de mi hombro derecho y con la izquierda retiro mi cabello de mi espalda, sentí la proximidad de su respiración, cada vez estaba mas cerca, el olor a madera me intoxico, de un solo trazo recorrió mi nuca con la lengua. Y me dijo:

-No quiero parecerle descortes, pero la tengo que dejar, es hora de que inicie mi trabajo, sin embargo me complacería mucho si aceptara venir todos los domingos a cocinar, me gustaría contratarla-


Yo temblando aun y sintiendo su mano derecha sobre mi hombro y el calor de esa mano de largos dedos, solo atine a decirle:

-¿por cuanto tiempo?-
-usted esta en busca de una respuesta hiriente Beatrix. Pero bueno, digamos que hasta que a usted se le agote la imaginación. No me tiene que responder ahora, puedo esperar, mi chofer la llevara de regreso a su casa, si acepta, la espero aquí el próximo domingo.-


Deje mi servilleta sobre el asiento de la silla y Y.G. estaba a mi lado con el antifaz en la mano, esta vez no titubeé me lo coloque y el tomo mi mano hasta que llegamos al automóvil.
Mi corazón golpeaba y retumbaba en mi cabeza, una oleada de sangre subió a mi rostro, entre al auto y las piernas aun me temblaban, esta vez el recorrido no fue en silencio. El calor de su mano aun me quemaba el hombro, la humedad de su tibia lengua laceraba mi cuello, no hubo humedad comparable a la de esa noche, el minuto cinco del Adagio en G menor me acompañó en el recorrido que hicieron mis manos entre mis piernas, una tibia noche iluminada por la luna llena en Acuario goteo y baño mis rodillas. Un recuerdo cada vez más efímero del cobalto de tus ojos cayó cercenado en la piel joven de la medianoche…

Beatrix